Clase 6: Verdad y goce
- 21 may
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Actualizado: hace 13 horas
Enseñante:Virginia Gilardi

Propuesta:
Pág 244 (p. 246 edición nueva) “Hemos abordado la función de la palabra en el análisis por el sesgo más ingrato, el de la palabra vacía, en el que el sujeto parece hablar en vano de alguien que, aunque se le pareciese hasta la confusión, nunca se unirá a él en la asunción de su deseo. Hemos mostrado en ella la fuente de la depreciación creciente de que ha sido objeto la palabra en la teoría y la técnica, y hemos tenido que levantar por grados, cual una pesada rueda de molino caída sobre ella, lo que no puede servir sino de volante al movimiento del análisis, a saber, los factores psicofisiológicos individuales que en realidad quedan excluidos de su dialéctica. Dar como meta al análisis el modificar su inercia propia es condenarse a la ficción del movimiento, con que cierta tendencia de la técnica parece en efecto satisfacerse.
A partir del párrafo que presento, llamó mi atención el término “ factores psicofisiológicos” , entendido como modo de goce propiamente dicho. Me interesa señalar que en relación a esto, a la altura del Discurso de Roma que nos ocupa este año, Lacan tomará partido claramente por presindir de su inercia, la del goce, en la dialéctica del análisis. De lo que se tratará entonces es de orientarnos los analistas por la dimensión de la palabra como palabra plena y la primacía de lo simbólico exclusivamente. La cura analítica será una práctica fundada en la intersubjetividad y el deseo de reconocimiento apuntando a la verdad del ser a condición de excluir el goce. El deseo de reconocimiento implica ser reconocido como sujeto por otro sujeto, el analista. Este movimiento de la cura por lo simbólico sería posible una vez que se hiciera el trabajo de la descomposición del yo en el eje imaginario, los objetos que lo retuvieron en su historia junto a las experiencias de satisfacción/insatisfacción que se irán desgastando. A esta altura de su enseñanza Lacan sostiene que es en este eje imaginario, donde prevalece la palabra vacía, el lugar donde la voluntad de goce es siempre decepcionada.
En un movimiento retroactivo tomaré algunos elementos de su enseñanza posterior donde Lacan va modificando los paradigmas respecto del goce que tienen efectos que tienen efectos en la practica y que renuevan la lectura de lo simbólico, lo imaginario y lo real que dio inicio a su enseñanza.
Bibliografía
Lacan J.: Escritos Tomo 1 “ Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”
Miller J.A. : Sillet. Paidos
García Germán: Fundamentos de la clínica analítica . Otium ediciones. Tucumán
Miller J. A.: Los signos del goce. Paidós
Miller J A : “Iluminaciones Profanas” en El objeto a en la experiencia analítica, lecturas de un otro al otro. Grama
Miller J A : “Historización” en El ultimísimo Lacan. Paidós.
Reseña:
En este seminario 2026, “La función del psicoanálisis”, nos propusimos poner en conexión ´Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis´ de J. Lacan con los textos de su última enseñanza. El párrafo del escrito de 1953 que elegí para comentar, corresponde a lo que Lacan denomina ‘palabra plena’. En él recorté el término factores psicofisiológicos´, que -señala firmemente- quedan excluidos del movimiento de un análisis, no participan de su dialéctica. Miller -quien retoma este término-, lo señala como la única mención que hace Lacan sobre el goce en el escrito. Lo relativo a la libido, al goce, en la primera enseñanza Lacan lo sitúa en el eje a-a’, eje imaginario. Queda entonces excluido el goce, la satisfacción pulsional, del eje simbólico donde se despliega la palabra plena, por la que transcurre un análisis en este primer Lacan. Propuse interrogarnos sobre cómo el goce quedaba excluido del tratamiento por la palabra en este primer momento de la enseñanza frente a un Lacan posterior donde nada en un análisis podría tener efectos si una interpretación no toca en alguna medida el modo de gozar de un sujeto. Lo que señala Lacan para un tratamiento por la palabra verdadera es el lugar de la verdad. Ya Freud proponía la sobredeterminación simbólica y el desciframiento del síntoma en su vertiente de verdad, develando un mensaje inconsciente. Lacan en este escrito agrega que para lograrlo habría que dejar por fuera de lo simbólico los factores psicofisiológicos, es decir, el goce, si queremos avanzar en el psicoanálisis propiamente dicho. La interpretación del analista a esta altura va al encuentro de una verdad posible. Ya en este momento Lacan sostenía firmemente que no se trataba de una traducción de contenidos de los dichos del analizante. No era un “Usted quiso decir tal cosa”. Esto sabemos que sería una intervención en el plano imaginario. De yo a yo. Lacan iba camino a establecerse plenamente en el estudio del significante, por el que sabemos que un significante puede tener diferentes significados para cada quien. Era claro que no indicaría a sus analistas que otorguen ellos el significado a sus analizantes. ¿Cómo sería en el trabajo analítico pasar de una palabra vacía a una palabra plena?. Lacan incorpora en este escrito el tiempo de la sesión y su corte, la puntuación, alterando el orden del discurso produciendo el sujeto un sentido nuevo retroactivamente. Estamos en el ámbito de la interpretación simbólica, haciendo vibrar las resonancias semánticas de las palabras. Puede tender a pensarse que en la palabra plena podría decirse todo. No es así. Lo pleno es que allí participan todos los presentes, analista y analizante dando lugar a la intersubjetividad. En esta relación entre analista y analizante surge el lugar de una verdad posible. Una verdad como develación de un mensaje inconsciente. Puede decirse que el analizante buscaba una verdad sobre su ser. Una práctica de la verdad del reconocimiento del sujeto. Ser reconocido como sujeto. El movimiento de la cura analítica propuesto por Lacan señala un movimiento de regresión en el que el yo va hacia atrás, sobre los objetos que lo retuvieron en su historia, para ir a una progresión que apunte a la realización psicoanalítica del sujeto. No se trata de la historia de los meros acontecimientos sino restablecer al discurso consciente objetos y acontecimientos allí donde el inconsciente es un capítulo censurado. Aliviar al paciente del síntoma como mensaje cuya palabra debe ser liberada apelando a las resonancias de las palabras y el manejo del tiempo con el establecimiento de la sesión corta. Devolver a la palabra la función constituyente para el sujeto. Las condiciones de interpretación eran que el analista se funde él mismo en la palabra que entregaba al Otro. Que sea mutua y recíproca y cuyo paradigma de interpretación era: ‘Tu eres mi mujer’. El analista nombrando al otro se nombra a sí mismo. Este modelo de lo intersubjetivo, el reconocimiento, no le resulta tan satisfactorio a Lacan y plantea más firmemente que el analizante no se realiza en el reconocimiento ni el analista apela a su compromiso con el analizante, sino que el sujeto es efecto del significante, como una variable a partir esa combinatoria. Sobre la tensión entre este escrito de un primer Lacan y los nuevos argumentos de los posteriores modos de leer su enseñanza propongo interrogarnos sobre si se trata de un viraje o una contradicción. Retomé para esto cómo en su texto ´Iluminaciones profanas´ Miller propone una idea borgiana por la cual “Un libro que no encierra su contralibro es considerado incompleto” Pudiera ser que esta enseñanza tuviera la estructura de un cuento. Una enseñanza que incluya su contraenseñanza.




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