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Clase 4: Una puntuación afortunada

  • 20 abr
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 8 may

Enseñante: Verónica Rios



Propuesta

En una carta de Lacan dirigida a su analista Loewenstein, en julio de 1953, escribe que se ha reactivado una antigua discusión, referida a una técnica que consiste en el uso regulado de las sesiones más cortas en ciertos análisis y sobre todo en el análisis didáctico. La finalidad de Lacan es intentar despertar a la comunidad analítica del olvido de los fundamentos freudianos. La práctica de un estándar de 50 minutos -ya indicado por S. Freud- es puesta en discusión por J. Lacan y no solo es por el tiempo de la sesión, sino que se anuda con el concepto de inconsciente y transferencia.

Hacia un momento posterior de la enseñanza de J. Lacan la puntuación se dirige a aislar el goce opaco del síntoma, donde la intervención del analista debe operar para producir una elaboración de saber. Poner a trabajar el sujeto entre sesiones. En este punto se trata de reconducir el sujeto a la perplejidad. Entonces la interpretación debe funcionar a la inversa del inconsciente. Se trata de producir el corte de sesión como aquello que interviene en la conexión entre el S1, y el S2, el significante amo y el saber que otorga sentido, para apuntar a la opacidad del goce.

Se pondrán en tensión los momentos de enseñanza de J. Lacan y de qué manera los analistas hoy continúan la orientación lacaniana en la llamada sesión corta

Cito el párrafo para la disciplina del comentario de la página 242 de los Escritos: “Por eso el psicoanalista sabe mejor que nadie que la cuestión en él es entender a qué “parte” de ese discurso está confiado el término significativo, y así en efecto como opera en el mejor de los casos: tomando el relato de una historia cotidiana por un apólogo que a buen entendedor dirige su saludo, una larga prosopopeya por una interjección directa, o al contrario un simple lapsus por una declaración harto compleja, y aun el suspiro de un silencio por todo el desarrollo lírico al que suple.

Así, es una puntuación afortunada la que da su sentido al discurso del sujeto. Por eso la suspensión de la sesión de la que la técnica actual hace un alto puramente cronométrico, y como tal indiferente a la trama del discurso, desempeña en él un papel de escansión que tiene todo el valor de una intervención para precipitar los momentos concluyentes. Y eso indica liberar a ese término de su marco rutinario para someterlo a todas las finalidades útiles de la técnica.”

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Bibliografía:

Freud, S: Volumen 12 “Sobre la iniciación del tratamiento”. Amorrortu.

Lacan, J.: Escritos, Tomo 1, “Función y campo de la palabra de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”.

Lacan, J. : Seminario 23, El sinthome, Cap. 1 “Del uso lógico del sinthome, o Freud con Joyce", Paidós.

García, G.: “Las resonancias en Freud, de nuestras preguntas”. D´Escolar. Atuel-Anáfora.

Miller, J. A.: Conferencias Porteñas II, “Adiós al significante”. Paidós

Milner, J-Claude.: Los nombres indistintos, Cap1 “R,S,I”. Manantial.


Reseña

Por Verónica Rios


Lacan dice que el psicoanalista sabe mejor que nadie que la cuestión es entender qué parte del discurso es significativo. Es una puntuación afortunada la que le da sentido al discurso del sujeto. La función del analista es, especialmente en este momento de la enseñanza, la de operar en el registro de lo simbólico. Es decir, es el que interpreta el inconsciente como discurso del Otro. El sujeto del análisis se constituye en virtud de su entrada misma al dispositivo y el analista ocupa el lugar del Otro que puntúa su discurso, mediante el corte de sesión, por ejemplo.

La técnica de las sesiones “cortas” o de “duración variable” se sostienen para el analista a partir de sus escansiones según una lógica de la interpretación; no sin el concepto de inconsciente y transferencia, en consideración con los tres registros imaginario, simbólico y real.

Lacan interpela a la comunidad analítica en tanto hacen del tiempo de la sesión un alto puramente cronométrico. No se trata del tiempo del reloj sino del tiempo del sujeto en la cura analítica. Esa puntuación y corte apuntan a situar los efectos de verdad en el sujeto.

En este primer momento de la enseñanza de J. Lacan, se trata de la primacía de lo simbólico. En el eje imaginario se encuentra el obstáculo: la inercia imaginaria detiene la dialéctica que es exclusivamente simbólica. Así, el texto de los escritos “Intervención sobre la transferencia”, es una demostración de esas detenciones cuando el analista opera en el registro imaginario y de cómo en las inversiones dialécticas se producen nuevos desarrollos de verdad que abren la dimensión de la relación del sujeto al inconsciente. Entonces, la función del analista es puntuar el discurso del sujeto. Hacia el Seminario 11, la pulsión es situada como un concepto fundamental y habrá quedado atrás su dimensión imaginaria, en tensión con “Función y campo de la palabra y el lenguaje”.

Este año tomamos como eje de lectura situar los momentos en la enseñanza de J. Lacan entre 1953 y 1976: de la primacía de lo simbólico a su rebajamiento. García dice en “Las resonancias en Freud, de nuestras preguntas” que esa réson que Francis Ponge comenta en una cita al final del escrito, no es la vaguedad que parece y nos remite a la clase del 18 de noviembre de 1975. Actualmente podemos leerla establecida por J. A. Miller en la página 18 del Seminario 23. Continúa García: Lacan dice que los analistas ingleses son filósofos porque creen que las palabras no tienen efecto y, lo que es peor, imaginan que existen las pulsiones en vez de entender que “…eso es el eco del hecho que hay un decir, pero que este decir, para que resuene, para que consuene (…) es preciso que el cuerpo sea allí sensible: esto es porque el cuerpo tiene unos orificios, de los que el más importante, porque no puede cerrarse, es la oreja, que responde en el cuerpo a lo que he llamado la voz”.

Para concluir, se trata de localizar para cada analizante los significantes con los que ha delirado en su historia. Miller señala en “Adiós al significante” el modo en que el corte permite poner en suspenso al sujeto como efecto de la cadena significante y hacer resonar algo más allá, a saber, lo real del goce.


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