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Clase 10: Las palabras: el dibujo de un destino

10 ago
6 min de lectura

Actualizado: 24 ago

Enseñante: Verónica Ortiz





Propuesta:


[P. 268] “Los símbolos envuelven en efecto la vida del hombre con una red tan total, que reúnen antes de que él venga al mundo a aquellos que van a engendrarlo ‘por el hueso y por la carne’, que aportan a su nacimiento con los dones de los astros, si no con los dones de las hadas, el dibujo de su destino, que dan las palabras que lo harán fiel o renegado, la ley de los actos que lo seguirán, incluso hasta donde no es todavía y más allá de su misma muerte, y que por eso su fin encuentra su sentido en el juicio final en el que el verbo absorbe su ser o lo condena- salvo que se alcance la realización subjetiva del ser-para-la-muerte.”

Sigmund Freud examina aquellas fuerzas que se revuelven contra nosotros en la vida: sentimiento inconsciente de culpa, reacción terapéutica negativa, masoquismo, más allá del principio de placer, pulsión de muerte, compulsión a la repetición: aquello que escapa o directamente impide el bienestar.

En ocasiones, sobre todo frente a acontecimientos desdichados, el ser hablante vive sus padecimientos como obra de un oscuro poder: el del destino. Refiriéndose a aquello por él denominado “masoquismo moral”, resultante del influjo de progenitores, autoridades, maestros, modelos que uno mismo escoge y héroes socialmente reconocidos, Freud afirma: “La figura última de esta serie que empieza con los progenitores es el oscuro poder del destino, que solo los menos de nosotros podemos concebir impersonalmente.”

Por su parte, Jacques-Alain Miller considera que el psicoanálisis hizo revivir la palabra de los oráculos en la era de la ciencia. Ésta produce un saber que se mide con lo real mientras que el oráculo tiene un saber de un orden muy distinto. Trae a colación que Jacques Lacan haya enseñado que “lo dicho primero decreta, legisla, ‘aforiza’, es oráculo, confiere al otro real su oscura autoridad.” Podemos agregar que, entonces, funciona como un destino.

Al respecto, Éric Laurent comenta el sintagma de Lacan- “adivinación del inconsciente” -formulando estas dos preguntas: “¿Acaso el inconsciente adivina? ¿Acaso es destino?”

Exploraremos “los dones de los astros y de las hadas”, teniendo presente que, en el párrafo seleccionado, Lacan opone al destino nada más ni nada menos que un psicoanálisis.


Bibliografía sugerida:

Freud, S.: Obras completas, “El problema económico del masoquismo”, Tomo XIX, Amorrortu.

Lacan, J.: El seminario, Libro 6, El deseo y su interpretación, Paidós, Buenos Aires, 2014.

Miller, J.-A.: Un esfuerzo de poesía, Paidós, Buenos Aires, 2016.

Miller, J.-A.: Causa y consentimiento, Paidós, Buenos Aires, 2019.

García, Germán: Actualidad del trauma, Grama, Buenos Aires, 2005.

Soler, Colette: Finales de análisis, Manatial, Buenos Aires, 1988.

Girondo, Oliverio: Membretes- Aforismos y otros textos, con estudio preliminar de Martín Greco, Losada, Bs. As., 2014.


Reseña:


Es como si aquello que soy me hubiera estado esperando desde antes de ser.

Roberto Juarroz

 

Cuando hablamos de destino hablamos de algo que parece determinado de antemano ¿Qué es el destino desde una perspectiva psicoanalítica? Ya desde la “Psicopatología de la vida cotidiana” Freud señala un cierto determinismo bajo la apariencia de error, una causalidad psíquica que demuestra la existencia del inconsciente. ¿Es el inconsciente un destino?

Luego de un recorrido preliminar por la noción heideggeriana de ser-para-la-muerte, mencionada por Jacques Lacan en el párrafo seleccionado en esta ocasión para su comentario, extraído de “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”, propuse una relectura del artículo “El psicoanálisis frente al oscuro poder del destino”, publicado en el blog de APSaT, comentándolo y ampliándolo.

En dicho artículo se abordan una alusión directa de Freud a nuestro tema- el destino- en “El problema económico del masoquismo”, una mención al escritor literario holandés Multatuli, afirmaciones de Oscar Masotta en “El modelo pulsional”. También, una aproximación a la noción literaria de aforismo- de la mano de Oliverio Girondo- que esclarece la afirmación de Jacques Lacan: “Lo dicho primero decreta, legisla, ‘aforiza’, es oráculo, confiere al otro real su oscura autoridad.”, junto con un comentario de Jacques-Alain Miller. (En este punto ampliamos lo escrito en el artículo ejemplificando con la conocida frase “serás un gran hombre o un gran criminal”, del caso del Hombre de las Ratas.) Por su parte, Éric Laurent propone una lectura de la expresión lacaniana “adivinación del inconsciente”, ligándolo a aquello que puede estar a la vez formalmente determinado y, sin embargo, ser causa para un sujeto, es decir, aquello que no reduce la posición del sujeto.

Lo dicho hasta aquí puede leerse con más detalle en https://www.apsat.com.ar/post/frente-al-oscuro-poder-del-destino

Siempre apuntando a esclarecer la idea de destino, recordamos asimismo que en el Seminario 8, hablando del amor, Lacan traduce la Até de los griegos de este modo: “El amor va a remolque de la Até, la desgracia, la calamidad. Se produce en el vacío de la calamidad, ocupando ese lugar, llenándolo.” Se trata del destino funesto, por ejemplo, de Antígona, hija del incesto. Y en el séptimo seminario: “Antígona es una tragedia y la tragedia está presente en el primer plano de nuestra experiencia, en tanto que psicoanalistas […]” Toda neurosis relatada en el diván tiene algo de trágico y siempre el relato- por más vergonzoso o culpable que sea- tiende a subrayar que tiene un destino. En las primeras entrevistas el futuro analizante dice esto es lo que me tocó, no dice esto es lo que elegí. Será trabajo del análisis lograr lo que llamamos, con Lacan, una rectificación subjetiva y muchas “vueltas dichas” para salir del campo de la tragedia hacia el de la comedia.

Lacan juntó una tragedia moderna como Hamlet con una tragedia antigua como Antígona. Interesa lo sostenido por Francois Regnault en una entrevista: el sujeto trágico griego no era culpable, el télos estaba en los dioses. Pero en el sujeto trágico moderno no hay un destino tan trazado; en lugar del destino hay un extravío del héroe, Hamlet no sabe qué quiere.

También nos preguntamos en la clase ¿De qué se tratan la causa y la causación? Digamos al menos que será necesaria una causación significante para buscar el objeto causa. Es decir, la causación implica el lenguaje, la palabra, el significante. La causa está, por el contrario, hecha de otra cosa. Refractaria al ruido significante, está más bien hecha de silencio. Es el agujero alrededor del cual el lenguaje talla das Ding, la Cosa freudiana. En Causa y consentimiento, J- A. Miller estudia en profundidad este tema afirmando, entre otras numerosas cuestiones, que el psicoanálisis es una búsqueda de la causa. No practicamos la interpretación por la interpretación, sino con miras a la causa. Cuando el Sujeto supuesto Saber emerge, toma el lugar de la causa escondida. Y cabe esperar de un análisis que donde éste estaba se revele el referente latente del objeto, el objeto a. El escándalo freudiano, con su invención del psicoanálisis, fue desde el comienzo decir que la causa es sexual. Y que es traumática.

Pero como para el psicoanálisis lacaniano el trauma es la entrada en el lenguaje, fue entonces que pasamos revista a la enseñanza de Germán García en su curso Actualidad del trauma, quien decía que aquel grano de arena situado por Freud en el centro de la perla psiconeurótica era ya un elemento irreductible, y que estaba ligado a la hipótesis de que los análisis no terminan: hay algo que no puede reducirse. García se preguntaba asimismo porqué una persona responde al peligro pulsional fragmentando su yo y otra responde creando una hipermoral, explicando que era allí donde Freud colocó las protofantasías: de seducción, que responde a la pregunta ¿por qué alguien desea? De escena primaria, que responde a la pregunta por el origen. Y de castración ¿por qué hay diferencia sexual?

Pero las protofantasías no explican el porqué de las respuestas subjetivas. Freud hablaba de “disposición por fijación de la libido”, de “constitución sexual” y, agregamos nosotros, Lacan se preguntaba en el Seminario 11: “Ya que, después de todo, ¿por qué la escena primitiva es tan traumática? ¿por qué se da siempre; o demasiado pronto o demasiado tarde? ¿Por qué recibe allí el sujeto o demasiado placer -al menos es así que hemos concebido primero la causalidad traumatizante del obsesivo- o demasiado poco, como en la histérica?” Hay aquí el margen de una libertad: la de la sorprendente “elección de la neurosis”.

Es así que nuestro derrotero nos llevó a algo que Colette Soler desarrolla acerca de este tema en Finales de análisis, acercando la noción freudiana de “elección de la neurosis” a la lacaniana de “elección forzada”, y alejando a ambas de la idea de libre arbitrio. “Que pueda hablarse de elección de la neurosis implica que hay una opción y que, por ello, incluso en lo que se llamó la neurosis de destino, no hay, hablando con propiedad, destino. Esta expresión freudiana de elección de la neurosis me parece anticipar una expresión de Lacan, la de posición del sujeto de la cual, nos dice, uno es siempre responsable.”

Así, el destino, contingencia que nos toca, es convertido por el psicoanálisis en respuesta (inconsciente), en elección forzada, en insondable decisión del ser, en responsabilidad subjetiva. Pero, por ello mismo, hay la posibilidad de hacer algo con la piedra- siempre la misma- en el camino: inventar algo diferente que tropezar incansablemente con ella. Sin falsos controles yoicos, sin imposibles autoconocimientos, sin pretensiones de exhaustividad alguna, ensayando cada vez, podremos, tal vez, decía yo en el artículo, “desdestinarnos”. 

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