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Clase 3: Un estremecimiento: la domesticación del yo

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  • 25 abr
  • 10 Min. de lectura
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Enseñante: Verónica Ortíz

Comenta: Pablo Rosas


Reseña Clase 3: Un estremecimiento: la domesticación del yo

Por Verónica Ortiz

           Lo que Jacques Lacan considera una dimisión de los analistas de su época, una desviación del filo del descubrimiento freudiano es crudamente denunciado como uso de la sugestión, es decir, como ejercicio de un poder. ¿Dimisión frente a qué? Frente al acto analítico- degradado a mera acción en la “realidad”- mediante una supuesta reeducación emocional del paciente.

La interpretación, la transferencia, y el ser del analista- ¿qué es un analista? -son reconsiderados bajo la sigla L.C.D.N.P.P.: “lo cual nos devuelve al punto de partida” freudiano. “O sea,”- escribe Lacan- “reinventar el psicoanálisis”. Por un lado, una acusación a los por él denominados “post freudianos”, con sus análisis de las resistencias. Pero, por otro lado, ¿acaso no lo era Lacan él también- un post freudiano- que se dedicó durante diez años al estudio meticuloso de la obra freudiana, la redujo a los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis y se abocó, también él, a reinventar el psicoanálisis? Según Jacques-Alain Miller en su origen el deseo del analista es una objeción hecha por Lacan al deseo de Freud. “No es simplemente retornar a Freud para quedarse a su lado; la fórmula traduce una operación de Lacan sobre Freud.”

El título de esta clase “Un estremecimiento: la domesticación del yo” fue extraído de la primera página del escrito: “Tal es por lo menos el estremecimiento que nos recorre ante las expresiones de moda referentes a la contratransferencia, contribuyendo sin duda a enmascarar su impropiedad conceptual: pensad qué testimonio damos de elevación de alma al mostrarnos en nuestra arcilla como hechos de la misma de aquellos a quienes amasamos”. La educación, la reeducación emocional del paciente, las ingenierías del yo, los cognitivismos y conductismos variopintos constituyen un intento de adaptar, reeducar, regular, someter al paciente. En Fundamentos de la clínica analítica, Germán García se refiere a este punto: (p. 82) “El otro debe ser como ya soy. Platón dice: tú lo educarás y una vez que lo eduques será diferente, no será el mismo, será otro. Tú quieres matarlo como el que es para que sea el otro que tú quieres…”                

Nos encontramos trabajando “La dirección de la cura y los principios de su poder”, un escrito de Lacan que podemos situar en su primera enseñanza, llamada “clásica”, o Lacan 1, de preeminencia de lo simbólico, y esto está en tensión a un Lacan 2, que podríamos situar a partir de los Seminarios 10 y 11, pero en especial, de ese seminario bisagra que estudiamos los dos años anteriores: el Seminario 16, De un Otro al otro. Cuando leemos a Lacan y también a Freud tenemos que saber algo acerca de en qué momento está y a quién le está hablando.

Lacan realiza un esfuerzo muy importante de diferenciación de la práctica de otros analistas de su época, en una operación a la que llamó el “retorno a Freud”. Según él los practicantes de su época habían olvidado el filo cortante de la verdad freudiana, habían olvidado el poder del lenguaje. El analista es alguien quien, a través de su propio análisis, contaría con cierto saber en relación al poder del lenguaje, ¿para qué? Para abstenerse de usarlo. Aunque tampoco se trata de jugar al analista mudo que se consideró durante algún tiempo propiciatorio para los análisis. Hay que intervenir, dirigir la cura y no la vida del paciente, pero efectivamente hay una dirección, o por lo menos hay una hipótesis diagnóstica, la construcción del caso, un recorte de cuáles son los significantes que han armado la trama de significaciones de la cual padece el paciente. Miller dice que el estatuto de la sesión analítica descansa en nuestra idea de la conjunción de lo simbólico y lo real. Es una praxis ya definida por Lacan en su primer seminario como el tratamiento de lo real mediante lo simbólico.

¿Dónde está el goce? A la altura de la Dirección de la cura no se ve con tanta claridad. Estamos en una época en la que no le podemos hacer decir a Lacan lo que dice aún. Hay una significantización del goce, de esa satisfacción más allá del principio del placer que es importantísimo localizar en las sesiones. ¿De qué sufre quien viene a la consulta? ¿Cuáles son los significantes, pero también cuáles son las modalidades de padecimiento oral, anal, escópico, invocante?

¿Quiénes eran los postfreudianos? Lacan mismo enlista las referencias en la página 623, las publicaciones y autores: Abraham, Devereux, Ferenczi, Anna Freud, Glover, Hartmann, Kris, Loewenstein, Lagache, Leclaire, Ida Malcapine, Ella Sharpe, Melitta Schmideberg, Williams, y Winnicott.

Si bien algunas de sus prácticas eran “nefastas” según Lacan, no eran unos tontos. En un párrafo escribe que no señala los desvíos por puro gusto, sino que son boyas que indican por dónde no ir. Según Miller, se hallaban frente a cierto fracaso de las curas ya que no lograban modificar las modalidades de goce. Freud mismo pasó de un optimismo inicial con la idea de hacer consciente lo inconsciente a darse cuenta que había lo que llamó reacción terapéutica negativa, ligada al súper yo o una compulsión de repetición, ligada al Ello, que los sueños traumáticos de guerra no eran una realización de deseo, cómo el síntoma una vez interpretado se mudaba de significante y la satisfacción pulsional se jugaba de nuevo al modo de vino nuevo en odre viejo.

En el escrito que estudiamos Lacan da un vuelco muy importante desde la preeminencia de lo imaginario hacia la preeminencia simbólica. Es así que, en esta época, va a referirse al poder de la palabra, significante, significado, lo simbólico, el Nombre del Padre, el grafo del deseo, etc.

En relación a los “pagos del analista” el analista no paga con dinero, paga con su presencia, su escucha. Paga con su palabra, porque la tiene que convertir en un soporte para la interpretación, paga con su persona en la transferencia. El analista ya no es- en el dispositivo analítico- la persona que es, con sus gustos y disgustos. También paga con su ser. No es una ontología, una esencia lo que se pone en juego sino más bien de una falta que cava un deseo acerca del cual el analizante no sabe muy bien qué quiere. Pues no quiere nada. Entonces ese pago es una política y es la política del psicoanálisis de no querer el bien del paciente, no querer- como en la psicoterapia- que se recupere rápido, que desaparezca el síntoma, que se comprenda, que se conozca a sí mismo, que se reeduque, que se adapte, nada de eso. No quiere nada en particular más que analizar.

En la clase del 15 de mayo de 1986, Germán García aborda los puntos de esta tercera clase: el 5, 6 y 7 de este primer apartado “¿Quién analiza hoy’?” y justo en el momento en que llega a esos puntos, se desvía hacia los puntos 18 y 19 del apartado 5 titulado “Hay que tomar el deseo a la letra”. Dice que son la conclusión y que es importante anticiparla antes de continuar. Extraigamos un breve listado de los asuntos a los que se refiere para- con él- anticipar la conclusión:

1- en psicoanálisis no se trata del bien sino de la verdad 2-  sentimiento de culpabilidad 3- no hay una palabra que nombre el deseo, hay solamente metáfora del deseo. 4- corte de sesión 5- la interpretación como cita, enigma y equívoco y su virtud alusiva 6- fin de análisis 7- la interpretación de los sueños, no como un método de trabajo sino como una demostración de que el inconsciente existe 8- la oposición entre deseo y voluntad 9- los significantes amo 10- Lacan estudió Freud durante 10 años, al detalle, hasta que lo redujo a cuatro conceptos clave. Después de la reducción del legado freudiano a cuatro conceptos, Lacan comienza a pergeñar unos propios. Lacan encontró la salida. “Al final del análisis no te queda el analista sino el psicoanálisis”.

Dicho esto, García retorna al primer apartado, lee y comenta los puntos 5, 6 y 7.

Retornemos al escrito. A la altura del punto 5 del primer apartado Lacan escribe sobre los pagos del analista, asunto que abordó Virginia Gilardi la clase anterior, refiriéndose en particular al primer pago, el analista paga con su palabra, con la interpretación. El punto 5 explica el segundo pago: el analista paga con su persona en la transferencia, en el desdoblamiento que sufre. Lacan dice que “nadie ignora que es allí donde hay que buscar el secreto del análisis”. También dice que todo analista experimenta “la transferencia en el asombro del efecto menos esperado de una relación entre dos que fuese como las otras”. Es que, justamente, no es una relación entre dos como las otras, de yo a yo, tampoco de inconsciente a inconsciente. Y, en cuanto al asombro, en una conferencia que García dictó en Rosario, [Escansión 3] titulada “Sobre la noción de estrategia”, dice allí que la estrategia no es del analista, es de la transferencia, que “tiene sus propios planes” inconscientes, y que pueden sorprender al analista, al analizante o a ambos.

Lacan afirma que los desvíos (reeducación emocional del paciente, yo fuerte, contratransferencia) son una “dimisión a concebir la verdadera naturaleza de la transferencia.” Y propone una metáfora, la del lugar del muerto en el juego del bridge: “Rostro cerrado y labios cosidos, no tienen aquí la misma finalidad que en el bridge. Más bien con esto el analista se adjudica la ayuda de lo que en ese juego se llama el muerto, pero es para hacer surgir al cuarto que va a ser aquí la pareja del analizado.”  Si bien, como ya dicho, esto se ha prestado a desvíos también, permanece muy vigente lo que indica Lacan al final de este punto: “Pero lo que es seguro es que los sentimientos del analista sólo tienen un lugar posible en este juego, el del muerto; y que si se le reanima, el juego se prosigue sin que se sepa quién lo conduce.” Los sentimientos del analista, no las intervenciones del analista quedan fuera del juego. El fantasma del analista. Por eso es de tanta importancia el análisis del analista y el control de los casos.

A aquellos interesados en retomar este tema a partir de esta reseña, Miller se refiere a esta metáfora lacaniana del muerto en el bridge en la pág. 98 de La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica.

En el punto 6 se trata del otro pago: el analista paga con su ser. “El analista haría mejor en ubicarse por su carencia de ser que por su ser.” Vuelve a arremeter contra nociones de los postfreudianos, esta vez desde los E.E.U.U., con su American way of life, y su noción de ego autónomo y de non-conflictual sphere, área que se supone al abrigo de los conflictos de la persona. Califica ese desvío como un “retorno al redil de la psicología general”. Y aborda dos cuestiones importantes: la noción de acción y la práctica institucional del análisis didáctico acerca del cual es muy crítico: “principio autoritario de los educadores de siempre.”

El otro asunto importante en este quinto punto es la acción analítica. “Su acción sobre el paciente se le escapa junto con la idea que se hace de ella, si no vuelve a tomar su punto de partida en aquello por lo cual ésta es posible, si retiene la paradoja de lo que tiene de desmembrado, para revisar desde el principio la estructura por donde toda acción interviene en la realidad.” Es decir, no sabemos lo que hacemos si perdemos de vista la estructura que está en juego.

García explica qué estructura está en juego (p.80): El saber occidental opone pensamiento/acción bajo la idea incluso de prueba y ensayo. En el Seminario El acto analítico Lacan critica la teoría del sujeto que piensa por un lado y el de la acción por el otro. Utiliza la palabra praxis que implica que no hay acceso a lo real sino a través de lo simbólico, la transformación de la materia por la idealidad.

Último punto, el 7. Lacan ordena lo que desarrolló en el primer apartado. Él mismo da cuenta de su intención “Resumamos”. Si el analista hace una interpretación, debe saber que ésta va a ser recibida como proveniente de la persona que es en la transferencia, no la persona que es. Y pregunta si el analista aceptará o no “aprovecharse del error acerca de la persona”.

Esto se puede hacer, pero con la condición de que interprete ese efecto, a falta de lo cual el análisis sería sólo una sugestión grosera. Y aquí cito una frase muy importante: “Es pues gracias a lo que el sujeto atribuye de ser (de ser que sea en otra parte) al analista como es posible que una interpretación regrese al lugar desde donde puede tener alcance sobre la distribución de las respuestas”.

García lo explica de este modo: (p.84) “Es necesario que el analista esté en otro lugar para que en el lugar del analista esté la interpretación.” Y da el ejemplo de la cita. “Si le digo a un analizante ¡qué madre terrible!, solo puede ser por dos cosas: porque tengo problemas con mi madre o porque le escuché decir algo de eso. Si le escuché decir algo de eso y lo digo, no estoy ahí cuando lo digo, estar ahí sería estar con mi opinión sobre la madre de ese señor, o sobre las madres en general.” […] “Y la prueba de que en general los analistas no entienden esto es el hecho de que no se pueden juntarse con sus pacientes. Fue una de las críticas constantes a Lacan, ya que los analizantes de Lacan eran también sus discípulos. Porque cuando Lacan analizaba no era Lacan, era una interpretación en el lugar de Lacan. Y cuando Lacan enseñaba decía que el analizante era él, dado que hablaba y los otros escuchaban.”

Ya hacia el final del punto Lacan explica que, de analizar de yo a yo, se va a terminar con las uñas afuera. “Ya lo tenemos en que si tú, en que si yo con su paciente. ¿Cómo hacer, si están con las uñas afuera?” En la transferencia puede haber una tensión subjetiva que se disuelve si el otro no está puesto en el lugar del dos, pues la agresividad supone que haya dos en un mismo eje. (Estadio del espejo)

Al final de este primer apartado aparecen en el texto unas iniciales curiosas L.C.N.D.P.P. Lo Cual  Nos Devuelve al Punto de Partida. ¿Cuál es? Reinventar el análisis. Escribe: “Volverlo a hacer: tratando la transferencia como una forma particular de la resistencia.” Asunto de los postfreudianos aunque, como dijimos antes, asunto también lacaniano.

Y deja planteada una pregunta que no responde por el momento.: “¿Quién es el analista? ¿El que interpreta aprovechando la transferencia? ¿El que la analiza como resistencia? ¿O el que impone su idea de la realidad?”


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