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Clase 11: El rasgo unario y el plus de gozar

Actualizado: 4 oct 2023

A cargo de Natalia Senestrari

Comenta: Valeria López


La undécima clase del Seminario Anual de APSaT, titulada ‘El rasgo unario y el plus de gozar’ se basó en el capítulo IX del Seminario 16: ‘De Fibonacci a Pascal'. Lacan, una vez más, hará uso de las matemáticas para poder demostrar una rigurosidad a su transmisión del psicoanálisis, una transmisión que no esté cargada de significación y de sentido. Es por ello que recurre a la lógica, con sus fórmulas y matemas.

El autor comienza en este capítulo por Fibonacci, cuyo verdadero nombre es Leonardo de Pisa. Matemático italiano, nacido en 1175, uno de los más importantes de la Edad Media, que, aplicando sus conocimientos del sistema de numeración arábigo, publicó ‘Liber Abaci', un libro considerado un quiebre en la matemática occidental. Allí, encontramos, además de notación decimal y la incorporación del cero, lo que se conoce como sucesión Fibonacci. Caracterizada por el hecho de cada término es igual a la suma de los dos precedentes, y si tomamos dos números consecutivos de la serie y dividimos el mayor por el menor, nos iremos aproximando cada vez más a un número conocido como ‘número de oro’ o ‘razón áurea’, Phi: 1,618033987… Lacan recurrirá a esta serie para escribir la relación del a -como nombre de una pérdida- y el significante -que nombra uno-, matriz que utiliza para indicar fenómenos de repetición en relación al goce. Le dará al ‘a’ la función del ‘número de oro', ese número irracional, que no se puede acabar de nombrar, al que intentamos aproximarnos cada vez más. Nos dirá: “Ocurre con él como con la pérdida a la que apuntamos, que está en el horizonte de nuestro discurso, la que constituye el plus-de-gozar - no es más que un efecto de la posición del rasgo unario”. Además eso le permite cuestionar la creencia de una complementariedad entre el sujeto y el objeto, la ilusión de completud. “Es grande la tentación de plantear el sujeto del saber como sabiéndose a sí mismo (...) Cuando la diferencia entre estos dos sujetos (el absoluto del goce y aquel dividido por la marca, engendrado por el rasgo unario) es irremediable”.

Jacques Lacan volverá a tomar a este matemático en el Seminario 17, para problematizar el cogito cartesiano “pienso, luego existo”. Allí nos dice que encuentra “en el uso de las matemáticas, una articulación más segura de lo que constituye el efecto de discurso”.

Volviendo al Seminario 16, el autor hará referencia a la apuesta de Pascal: “Lo que contará en nuestra exploración de la apuesta de Pascal, es lo que él logra en el sentido de que, de un modo no menos infinito, es posible acercarse al a”. Miller manifiesta que la apuesta de Pascal se sostiene donde lo real aparece como tope, ese punto indecible que para Pascal será Dios, para Lacan, lo Real. Lo que está en juego es el a y Lacan utiliza ese argumento lógico para intentar trazar un puente del Otro al a, darle un estructura lógica al goce. Basándose en la apuesta de Pascal, Lacan va a establecer tres matrices, que irá desarrollando a lo largo de este seminario.

Encontramos dos textos freudianos como referencias en este capítulo: ‘Psicología de las masas y análisis del yo’, el capítulo VII: ‘La identificación’ -de donde Lacan extrae el rasgo unario- y ‘Tótem y tabú’. Al respecto, Valeria López desarrolló en su comentario: partiendo de la frase “el padre está muerto desde el comienzo” se trata de pensar qué consecuencias tiene esto para el psicoanálisis. Esta referencia lacaniana, a la altura del Seminario 16, se lee en relación a la inconsistencia del Otro. López puntualizó sobre el Otro barrado, articulando con el Nombre del Padre, que opera sobre el goce como función lógica, de estructura.

Al final del capítulo Lacan insiste con que tanto el goce de la madre como la muerte del padre son imposibles estructurales y retoma los mitos de ‘Tótem y tabú’ y Edipo para elaborar este punto. Dirá que al padre no se lo puede matar porque ya está muerto desde siempre. Sólo queda el Nombre del Padre, en tanto instancia simbólica, y todo gira en relación a ello. Freud ya había dicho que esto fundaba la diferencia entre el campo del hombre y ese de la animalidad. El Nombre del Padre atañe a la relación con el goce.

La lectura de ‘Lecciones de introducción al psicoanálisis’ de Oscar Masotta permitió esclarecer y articular lo que Lacan propone al final de la clase.




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