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Clase 12: Función de la verdad, fragmentos del saber

  • Foto del escritor: apsftigre
    apsftigre
  • 1 nov 2023
  • 4 Min. de lectura




Enseñante: Verónica Rios.

Comenta: Augusto Pfeifer


La duodĆ©cima clase del Seminario Anual, titulada ā€œFunción de la verdad, fragmentos del saberā€ abordó especialmente el capĆ­tulo XI, del Seminario XVI de J. Lacan ā€œDebilidad de la verdad, administración del saberā€. Lacan va a privilegiar en este momento de su enseƱanza un desplazamiento de la verdad al saber. J. A Miller en la clase ā€œHacia un significante nuevoā€ seƱala que este viraje queda encubierto, y que no se ha seƱalado consecuentemente. Este pasaje, del inconsciente como verdad al inconsciente como saber, es contemporĆ”neo a la valorización del matema y de un acento que ya no se pone sobre ā€œhablarā€ sino sobre ā€œescribirā€.

ĀæEs posible una nueva relación al significante? Lacan en la ā€œProposición del 9 de octubre de 1967 sobre el psicoanalista de la escuelaā€ dice que: ā€œlo no-sabido se ordena como el marco del saberā€, se trata de cómo se realiza la acumulación de saber en la experiencia analĆ­tica, y que solo en el discurso analĆ­tico el saber es localizado en el lugar de la verdad. La invención de un significante nuevo, propuesta por Lacan como ambición para el psicoanĆ”lisis no es sin la referencia a Cantor, citado por Lacan en la proposición. Este matemĆ”tico alemĆ”n inventa un nĆŗmero transfinito que no existĆ­a hasta el momento, un nĆŗmero de una nueva especie que nomina con la primera letra hebrea aleph y agrega el cero. De allĆ­, que Lacan asimila, el deseo del analista al deseo de aquel que creó un significante nuevo, capaz de dar su marco al campo del saber.

Diez aƱos despuĆ©s en una clase titulada ā€œHacia un significante nuevoā€ Lacan define a ese significante como aquel que no tendrĆ­a ninguna especie de sentido y abrirĆ­a efectos en lo real. En contraposición, estĆ” el significante que precede al sujeto y que lo deja pegado al sentido, algo que Lacan elaboró de varias maneras en su enseƱanza. SeƱala una consecuencia de esta relación del sujeto al discurso, al que denomina como un modo de debilidad mental.

Para que el sujeto acceda a un saber que lo oriente en los espejismos de lo imaginario, los significantes que lo engendran como sujeto y sus huellas de goce, serÔ necesario un operación de evacuación de goce o desinvestidura de las representaciones en términos freudianos. De aquí que Lacan formuló una equivalencia entre saber y goce.

Miller propone como punto de referencia la cita de Lacan - agregada en 1966- que figura en el escrito sobre psicosis. Lacan formula que ā€œel campo de la realidad solo se sostiene por la extracción del objeto a que sin embargo le da su marcoā€. Entonces, asĆ­ como se constituye para el neurótico el campo de la realidad a condición de la pĆ©rdida del objeto a, y que, por lo tanto queda ā€œun poco de realidadā€ llamada la realidad del fantasma, se puede ubicar una homologĆ­a para la constitución del saber. AllĆ­ Miller, va a sustituir ā€œcampo de realidadā€ por ā€œcampo de saberā€, entonces para que advenga un saber del sujeto es necesario la desinvestidura de las representaciones en tĆ©rminos freudianos. La constitución del campo del saber es correlativa a una segunda evacuación de goce producto de las interpretaciones que apuntan a la cesión de goce y la ganancia de saber. Por eso Miller seƱala –en Matemas I- leyendo a Lacan que, en la psicosis al no haber pĆ©rdida del objeto a, no se constituye ese ā€œpoco de realidadā€ y se multiplica la presencia del objeto a, en tanto oral, anal, voz y mirada, cuyo correlato es un saber absoluto.

Como resultado de la sustracción de goce queda un excedente llamado plus de gozar que, Lacan aborda en este momento de su enseƱanza como función de repetición en tanto pĆ©rdida de goce y goce de esa pĆ©rdida. El problema que se plantea es que hay una parte del goce que no se traduce en significante y que apunta al goce como infinito; frente a ello se trata de que, el saber que extrae el analizante no es sin el marco del no saber, asĆ­ como el campo de la realidad no es sin el marco de fantasma. Hacia 1972, en el Seminario Aun Lacan, descubre que su manera de avanzar estaba constituida por algo del orden de un ā€œno quiero saber nada de esoā€ y define como retazos, el saber que transmite en posición de analizante.

Augusto Pfeifer comenzó desplegando algunas afirmaciones extraĆ­das de ā€˜La Cosa freudiana’ (texto de los aƱos ā€˜50, y citado por Lacan en la clase referida del Seminario 16). Se resaltan en ellas la opacidad y pregnancia que -ya en ese tiempo de su enseƱanza- acompaƱan a la noción de verdad: ā€œel sentido de lo que dijo Freud puede comunicarse a cualquiera porque, incluso dirigido a todos, cada uno se interesarĆ” en Ć©l: bastarĆ” una palabra para hacerlo sentir, el descubrimiento de Freud pone en tela de juicio la verdad, y no hay nadie a quien la verdad no le incumba personalmenteā€. Se puede interpretar ya aquĆ­ cierta interpelación a nosotros, practicantes, en lo que respecta al modo de leer los textos del creador del psicoanĆ”lisis.

A su vez, un texto de Eric Laurent se tomó para iluminar cierto desplazamiento alrededor de la famosa prosopopeya ā€œYo, la verdad, habloā€ del mismo texto. En ā€˜Hablar, y decir lo falso sobre lo verdadero’ seƱala que diez años después -en ā€˜La ciencia y la verdad’- Lacan le añade un comentario: ā€œPiensen en la cosa innombrable que, de poder pronunciar estas palabras, iría al ser del lenguaje, para escucharlas como deben ser pronunciadas, en el horrorā€.

Laurent afirma que el lugar de la verdad debe dejarse libre, debe quedar escondida. Si se intenta mostrarla, decirla toda, no nos encontramos mĆ”s que con la mentira, ā€œmás o menos espantosaā€.

El autor francĆ©s ubica cómo Lacan plantea una crĆ­tica a ciertos analistas; a aquellos que creen poder mantenerse en el lugar de la verdad sin tener que pasar por el saber: aquĆ­ podrĆ­an ubicarse a los ā€˜especialistas’ que ya cuentan con el saber especĆ­fico, a los que callan bajo ā€œel silencio que es el privilegio de las verdades no discutidasā€, a los que discuten, conversan, o controlan con otros analistas sólo cuĆ”ndo el exceso se presenta como salida a lo no analizado.

El saber lo describe como eso que permite deshacer las creencias en la verdad. AcÔ se puede, nuevamente, retomar la definición del significante: el que representa al sujeto, para otro significante. No existe ese significante que represente al sujeto, a su deseo, o a su goce; sino, sería creencia.

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