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Módulo de temático TRATAMIENTOS DEL CUERPO.APSaT.JORNADA MARZO 2023.

Por Lorena Di Masso


“Un hombre escribe sobre el cuerpo de su madre,

sobre el enigma de su cuerpo.

Una mujer escribe sobre su propio cuerpo,

sobre el enigma de su propio cuerpo.

Ese cuerpo femenino

(el de la madre para el hombre, el propio para la mujer),

es lo que debe comenzar a decir su verdad.

No olvidemos que todo discurso habla de un cuerpo,

es producido por un cuerpo:

somos cuerpos parlantes,

cuerpos de goce atravesados por las palabras”.


Germán García, El escritor y sus raíces.

Reportaje 1978.


En esta ocasión me interesa ubicar algunas de las cuestiones en las que estuvimos ocupados en el Módulo temático Tratamientos del cuerpo durante 2022, su año de apertura, junto a algunos interrogantes e intereses en los que nos hemos detenido sin darlos por resueltos, encontrando que son éstos mismos los que relanzan o causan el trabajo una vez más.


Las preguntas que causaron el interés inicial y orientan la lectura fueron en principio: ¿Qué es el cuerpo para el psicoanálisis? y ¿Qué hace el psicoanálisis con el cuerpo?. En el recorrido se han ido formulando otras.


Partiendo de la Breve historia de la conciencia del cuerpo de Jean Starobinski, se ubicó el escenario que precedió a la investigación freudiana caracterizado por una concepción sensualista de la vida mental, la cual supone un biologicismo extremo como paradigma. La intervención de Freud consistió en operar una inversión frente a aquellas nociones que en la actualidad retornan con el modelo de las neurociencias.


Con los síntomas histéricos y el carácter traumático de la sexualidad, Freud descubrió un cuerpo que no es el de la medicina y que más bien la puso en cuestión al comportarse "como si la anatomía no existiera”. Luego de haberse dispuesto a escuchar la insatisfacción de las mujeres, la problemática del cuerpo es el atolladero con el que él se topó y que dió inicio a sus investigaciones, que decantaron en sus descubrimientos posteriores. El del inconsciente es un ejemplo.


La introducción del psicoanálisis en el mundo, con la incorporación del inconsciente como tercer término "mediador entre lo psíquico y lo somático" -tal como el mismo Freud lo describe en sus correspondencias a Groddeck- supuso la posibilidad de darle una nueva respuesta a la cuestión incesantemente planteada desde los griegos hasta Descartes pasando por las religiones y la ciencia hasta la actualidad, del dualismo cuerpo-mente. Esto implicó un giro en el modo de concebir al cuerpo y al sujeto, a partir de entonces dividido.


Si bien Freud no hizo una teoría del cuerpo, resultó de interés recorrer sus principales trabajos para ubicar cuestiones centrales acerca del mismo y su tratamiento[1].


Desde los inicios pudo señalarse que allí donde antaño las alteraciones del cuerpo se ponían en la cuenta de las influencias demoníacas, Freud colocó la incidencia de una representación intolerable y un modo de satisfacción. Descubrimiento revolucionario, subversivo, que aún sigue siendo cuestionado por una ciencia que no admite la falla del saber acerca del cuerpo y la falla del cuerpo en relación al saber. Se trata de la falla espistemo-somática de la que habla Lacan en Psicoanálisis y medicina. Pues el cuerpo está enfermo de una verdad variable, -al decir de J.A. Miller-, que incide en su relación con el mundo y con lo real. En este sentido, lo que es afectado por la intervención del lenguaje es el poder del yo sobre este cuerpo que no responde a su pretendido control.


El cuerpo es uno de los síntomas de la época (...) Lo que importa no es la aventura de una persona (su historia), sino su cuerpo”, señalaba Germán García en una entrevista que le fuera realizada en el año 2007.


Si, como lo afirma J. Starobinski, la conciencia del cuerpo (concebida como "la percepción interna del cuerpo propio") es el “componente de la sensibilidad contemporánea”, se subrayó la pregunta que el mismo autor plantea. A saber: “¿dónde trazar la línea de demarcación entre una 'cenestesia', que sería uno de los datos primarios de toda existencia humana, y una 'escucha del cuerpo', que por su parte, sería la consecuencia, hipocondríaca o perversa, de un investimiento narcisístico o autoerótico?”.


Lo que dice Starobinski es que si en un momento anterior hablar del cuerpo era una herejía, en la actualidad es un dogma. “No se habla más que del cuerpo: imágen del cuerpo, lenguaje del cuerpo, conciencia del cuerpo, liberación del cuerpo…son las contraseñas de la época” Hay un cuerpo al que se le rinde culto.


En esta línea, se siguió al autor en su indicación de preguntarse, junto a Freud, sobre el investimiento narcisista que caracteriza a la cultura occidental actual. Se planteó si precisamente allí donde se declara la primacía del cuerpo y al cuerpo mismo como "imposible de ignorar", no se asiste justamente al reverso de estas formulaciones, es decir, a una forma de su desconocimiento o incluso su rechazo: la de su dimensión de goce. Tal operación se produciría mediante distintos modos de tratarlo que evidencian la voluntad de dominio de un cuerpo que, sin embargo, permanece indómito. Por un lado, culto y adoración (P. Valery). Por el otro, desconocimiento, rechazo y, en el extremo, eliminación.

Con este horizonte y con la orientación que brinda Germán García en el epígrafe de esta presentación cuando dice que “todo discurso habla de un cuerpo”, se abrieron las primeras interrogaciones respecto del estatuto y tratamiento del cuerpo en otros discursos: la filosofía, la ciencia, los feminismos, las teorías de género, el arte, entre otros.

Fue un hallazgo en este punto la conversación de J.A. Miller con la artista francesa Orlan[2], creadora del Carnal Art y definida por algunos críticos como “una obra de arte viva”, y por el mismo Miller como “una curiosa de los misterios de la feminidad”. Pues el cuerpo -y muy especialmente el cuerpo femenino-, habitado por el lenguaje, el goce fálico, la pulsión, soporta (o importa), además, un enigma que se mantiene indescifrable, indecible, inanalizable. Lo enigmático es tanto para el hombre como para la mujer lo femenino, alteridad radical, goce Otro que se ignora permaneciendo ajeno tanto para el otro como para sí mismo, y desde allí se agita… para “...comenzar a decir su verdad…” que es, no obstante, indecible.


Interesada en el lugar social, histórico, religioso, económico y político dado al cuerpo de las mujeres en el mundo, Orlan ha utilizado el propio como instrumento de su arte. Sus obras comprenden performances y prácticas quirúrgicas que se ha realizado con el objetivo de manipular y moldear un cuerpo que ha rechazado desde la pubertad (cuando comenzaron a crecer sus senos y tuvo su primera menstruación entendiendo, a partir de allí, que no le interesaba esa maquinaria femenina que se salía de su control). A través de su arte lleva a cabo un tratamiento del cuerpo como si éste fuera un objeto del mundo.


En esta relación de instrumentación que tiene con su cuerpo, Orlan enseña, además, la diferencia entre ser un cuerpo y tener un cuerpo: el sujeto, en tanto sujeto de significantes no puede identificarse con el propio cuerpo. Sostiene con él, una relación de distanciamiento y exterioridad, lo cual permite realizar sobre el mismo -el cuerpo- determinadas intervenciones o brindarle distintos modos de tratamientos, lo cual otorga cierta ilusión de control. Sin embargo ello no supone ninguna idea de propiedad. Para Orlan el cuerpo permanece, a pesar de todas sus maniobras, algo extraño. Dice: "... me siento a mí misma irrepresentable (...) toda representación [se refiere a las caracterizaciones que produce] es insuficiente…" Para el psicoanálisis se tiene un cuerpo que, no obstante es, de entrada, ajeno, y el sujeto, que se produce entre un significante y otro, no encuentra representación en él.


Preocupado en establecer una doctrina sobre la vida como tal, a diferencia de la ciencia o la medicina, a Freud no le interesa tanto la sustancia viviente, como las fuerzas que operan en ella: las pulsiones, que ya están presentes aún antes e independientemente de la conformación de un cuerpo.


A partir del concepto de pulsión, inaugura una concepción distinta de la relación entre lo psíquico y lo corporal. Lo define como un representante psíquico de las excitaciones corporales que tienen como fuente las zonas erógenas. Freud descubrió que el cuerpo goza más allá del principio del placer (es decir, encuentra satisfacción en esos mismos lugares en los que se presenta un sufrimiento), algo que la ciencia había dejado de lado. Las pulsiones van a representar lo que él ya había descubierto de indomeñable en el inconsciente y será lo que viene a explicar esa resistencia del cuerpo erógeno a las proliferantes técnicas para la felicidad (sexuales o no). El yoga, la gimnasia, la sexología, los programas alimentarios, etc., todas ellas, técnicas del significante amo que, en nombre del bien (higiene), procuran hacer entrar el cuerpo en un orden.


Lacan, en el S.XXIII, dice que el ser hablante adora su cuerpo porque cree que lo tiene… sin embargo el cuerpo a cada rato levanta campamento. Es decir, lo que sigue es previsible: lo sintomático se presenta como el reverso necesario de ese intento de regulación. El síntoma es una vía para la recuperación y el retorno del goce que se procura enmarcar y que sin embargo es irreductible.


Algo de esto retoma Lacan en En Psicoanálisis y medicina cuando dice que el psicoanálisis, como pŕaxis, aparece como la respuesta subversiva que inventó Freud a la posición de la medicina por su reconocimiento de la estructura de la demanda y la dimensión gozante del cuerpo que, tomado por la sexualidad, “está hecho para gozar de sí mismo”, dice Lacan allí. Es decir, el psicoanálisis permite ubicar que quien consulta no pide lo que quiere (desea), o no quiere exactamente lo que pide.

El psicoanálisis es también una técnica del cuerpo, tiene incidencia sobre el cuerpo, pero actúa por sus propios medios: la palabra. Y su respuesta supone llevar al sujeto a que él mismo confiese su verdad aún sin saberlo. Una verdad que es “hermana del goce”, según la fórmula de Lacan en el Seminario XVII.


“¿Qué puede oponer el médico a los imperativos de la época científica que lo convierte en un empleado? ¿En nombre de qué tendrán que hablar?”, pregunta Lacan. Solo podrá conservar su posición revelando lo que hay detrás de la demanda del enfermo, aquella relación con el goce del cuerpo. Hay que leerlo como una indicación para el practicante. La experiencia del análisis transforma la relación con el cuerpo.


En los últimos encuentros 2022, el interés fue realizar una nueva lectura de Introducción del Narcisismo (1914), donde se presenta el problema de la libidinización del yo. El dualismo pulsional será sostenido a partir de este momento, produciéndose la divisoria de aguas entre libido yoica y libido de objeto.


El mito de Narciso trata de un personaje que queda capturado, fascinado, por la imágen de un cuerpo que le aparece reflejado en el agua (espejo). Se trata de la pasión que suscita un cuerpo que parece extraño y propio a la vez. Lacan habla de la seducción de la imágen. Narciso se enamora de esa imágen. En este punto, el debate retomó los planteos de Starobinsky (acerca del investimiento narcisista en la cultura occidental actual) y a partir de allí se centró en la operación que se produce en la actualidad en el circuito por/de las redes sociales y el modo en que ello se presenta en la clínica.

En el texto freudiano no se encuentran referencias al mito. Sí a Näcke, que considera el narcisismo como una perversión. Por su parte, Freud parte de la noción de autoerotismo -a la que generaliza- y propone que el narcisismo es un modo de tratar el cuerpo e, incluso, un estado del yo. Puede decirse también, una posición libidinal. Lo que es preciso ubicar es que la libido narcisista supone como soporte al cuerpo, que si bien no está enfatizado por Freud en este trabajo, se encuentra implicado en el yo: la libido que va y viene de los objetos compromete, entonces, al cuerpo.


El señalamiento crucial es que ni el cuerpo ni el yo están dados desde el comienzo. El cuerpo no es primario en tanto lo viviente, el organismo, no basta para hacerlo. Freud dice en este texto: es necesario que “un nuevo acto psíquico” se produzca para que el yo (y el cuerpo) se constituyan. Lacan desarrollará ampliamente este punto. Y dará cuenta de esa ajenidad del propio cuerpo para el psicoanálisis que mencioné antes.


Queda por delante iniciar el recorrido por las concepciones lacanianas acerca del cuerpo. En primera instancia, ubicar la dimensión imaginaria del cuerpo, teniendo en el horizonte el cuerpo simbólico y el cuerpo real. La propuesta para este año 2023 entonces, es ir en esa dirección, no sin volver a Freud, intentando sostener un entrecruzamiento permanente con lo que la clínica enseña (o cuestiona) y con lo que otros discursos plantean.

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[1]Tratamiento psíquico (tratamiento del alma), - Algunas consideraciones con miras a un estudio comparativo de las parálisis motrices orgánicas e histéricas, - Estudios sobre la histeria - La perturbación psicógena de la visión según el psicoanálisis. [2] Iniciación a los misterios de Orlan. Conversación con JAM.

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