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Clase 2: El silencio en el psicoanálisis

  • 25 mar
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: hace 4 días



Enseñante: Augusto Pfeifer


Pág. 242: Preguntémonos más bien de dónde viene esa frustración. Es del silencio del analista. Una respuesta, incluso y sobre todo aprobadora, a la palabra vacía muestra a menudo por sus efectos que es mucho más frustrante que el silencio. ¿No se tratará más bien de una frustración que sería inherente al discurso mismo del sujeto? ¿No se adentra por él el sujeto en una desposesión más y más grande de ese ser de sí mismo con respecto al cual, a fuerza de pinturas sinceras que no por ello dejan menos incoherente la idea, de rectificaciones que no llegan a desprender su esencia, de apuntalamientos y de defensas que no impiden a su estatua tambalearse, de abrazos narcisistas que se hacen soplo al animarlo, acaba por reconocer que ese ser no fue nunca sino su obra en lo imaginario y que esa obra defrauda en él toda certidumbre? Pues en ese trabajo que realiza de reconstruirla para otro, vuelve a encontrar la alienación fundamental que le hizo construirla como otra, y que la destinó siempre a serle hurtada por otro.


Propuesta

Me interesa trabajar sobre las crítica que Lacan realiza a las objetivaciones que muchos de sus contemporáneos proponían para el dispositivo analítico, y el modo en que eso orientaba un análisis en términos de una interlocución.

A partir de allí, poder ubicar el lugar que el silencio ha tomado en el psicoanálisis, en sus diferentes presentaciones y funciones en el dispositivo: el silencio como respuesta del analista, el silencio del síntoma, de la inhibición, de la angustia, y el silencio como privilegio de las verdades no discutidas. Ubicaremos, a su vez, la relación entre el silencio y la “frustración que sería inherente al discurso”.

Rodearemos, en particular -para ubicar el pasaje entre diferentes tiempos de la enseñanza de Lacan- el silencio propio de la pulsión de muerte, a partir del curso Silet de J-A. Miller.


Referencias bibliográficas

Lacan, J.: Escritos, Tomo 1, “Función y campo de la palabra de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”.

Freud, S.: Obras completas, Volumen 12 Amorrortu, “Sobre la dinámica de la transferencia”.

Miller, J-A.: Silet. Clases 1 y 3. Paidós

Miller, J-A.: El ultimísimo Lacan.

García. G.. La experiencia analítica. Tiempo, silencio, palabra. Disponible en Archivo Virtual Germán García


Reseña:

Por Augusto Pfeifer


En esta segunda clase del Seminario se abordaron diversas dimensiones para poder

cernir algunas claves del tema convocado: el silencio del analizante, el silencio del

analista, el silencio como “privilegio de las verdades no discutidas”, el silencio de la pulsión.

En 1914, en el texto ‘Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico’,

Sigmund Freud afirma que “el inevitable destino del psicoanálisis es mover a contradicción a los hombres e irritarlos”; más aún, también dice que “el psicoanálisis

saca a la luz lo peor de cada hombre”. Me parece que son consideraciones que podemos tomar a modo de ‘epígrafes’ para el tema que ha sido el eje del encuentro: advertir las formas en que el silencio se hace presente en el dispositivo analítico.

Para comenzar, tomamos una referencia de ‘Sobre la dinámica de la transferencia’:

“cuando las asociaciones libres de un paciente se deniegan, en todos los casos es posible eliminar esa parálisis aseverándole que ahora él está bajo el imperio de una

ocurrencia relativa a la persona del médico o a algo perteneciente a él”. Se presentaron

una serie de indicaciones que hacen a las coordenadas del silencio tanto bajo el campo

de la transferencia positiva como bajo la negativa.

La presentación sostuvo una premisa: el silencio del analista no supone la inhibición

de su palabra. Decir que el analista “cadaveriza” su posición supone reconocer

algunas referencias que Lacan toma de otras culturas; por ejemplo, la idea de ‘Wu

Wei’ del taoísmo chino. A su vez, la dirección de la cura que se constituye alrededor

de ella nos llevó también a considerar otros antecedentes, ahora en relación a la idea

de “el poder de la palabra”: aquí, se tomaron indicaciones lingüísticas de

‘Aproximaciones al arte poética hindú’ (René Daumal, escritor, poeta y filósofo francés): “este nuevo ‘poder’ de la palabra, es llamado ‘resonancia’ (dhvani), o ‘sugestión’ (vyañjanâ), o incluso ‘degustación’ (rasanâ).”

Tomamos indicaciones para pensar los modos en que el psicoanálisis interviene en la

cultura para poder debatir con las prácticas que circulan en una ciudad; se trata, se

conversó, de estar atentos a lo que circula en otros discursos y demostrar el lugar que

tiene el psicoanálisis, para no caer en cosmovisiones que impiden la emergencia de lo

singular del sujeto. La fábula de La Fontaine, sobre el murciélago y las comadrejas,

fue traída para representar el lugar extraterritorial, pero también inasible, del analista.

Las conversaciones que se produjeron giraron principalmente en relación al silencio

de la pulsión, indicación rescatada por Lacan del texto freudiano “El yo y el ello”:

“Podríamos figurarlo como si el ello estuviera bajo el imperio de las mudas pero poderosas pulsiones de muerte, que tienen reposo y querrían llamar a reposo a Eros, el

perturbador de la paz”

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