Clase 1: La palabra del analista en la clínica, en la institución y en la cultura
- 8 mar
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Actualizado: hace 6 días

Argumento: El lugar del analista en la cultura implica a una clínica con una ética del deseo y también lo singular de la clínica del sinthome. Un deseo de analizar, que se ocupa en una práctica que lo define y que además lo ubica como un analista ciudadano, no un analista vacío. La lectura freudiana de El malestar en la cultura perfila una modalidad de situarse en el contexto social, incluso una perspectiva de estar en las instituciones que tenga en cuenta la psicología de las masas pero que ponga en cuestión las identificaciones. El horizonte de la enseñanza estará en la palabra que deje aprender lo que se verifica en la práctica. Habrá entonces un desarrollo que vinculará clínica, cultura, institución analítica y transmisión del psicoanálisis.
Bibliografía:
El malestar en la cultura. Sigmund Freud.
La formación que la Escuela dispensa. Artículo de Mercedes Francisco en La formación del psicoanalista: clínica y causas. Escuela Lacaniana de Psicoanálisis del Campo Freudiano.
Mi enseñanza. Jacques Lacan.
Clínica del sinthome. Cap. 5 de Sutilezas analíticas. Jacques Alain Miller.
Psicoanálisis y salud mental. Eric Laurent.
En torno de las identificaciones. Clase del 11 de abril de 1987. Germán García
Reseña:
La clase se propone interrogar la función del psicoanálisis a partir de una pregunta formulada por Jacques Lacan en ‘Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis’: si el psicoanálisis es un método de verdad destinado a desmitificar los camuflajes subjetivos, ¿no debería también aplicar sus principios al propio lugar de los analistas, a su posición frente al paciente, a sus relaciones institucionales y a su inserción en la cultura?
A partir de esta pregunta, la exposición introduce una referencia al ‘ultimísimo Lacan’, tal como lo lee Jacques-Alain Miller. Esta perspectiva permite situar una diferencia entre el primer momento de la enseñanza de Lacan —donde el inconsciente aparece pensado como historia y la práctica analítica se orienta por la dimensión de la palabra y la intersubjetividad— y la última enseñanza, en la cual el acento se desplaza hacia lo real y hacia la persistencia del síntoma más allá del desciframiento del sentido. En este movimiento, el síntoma deja de pensarse solamente como un mensaje a interpretar y se presenta también como una solución singular del sujeto frente a lo real, lo que Lacan nombrará como ‘sinthome’.
Desde esta orientación, la clase aborda tres dimensiones fundamentales en las que se despliega la palabra del analista.
En primer lugar, la clínica, donde la práctica analítica se sostiene en el deseo de analizar y en la función específica de la palabra en la transferencia. Allí el analista no se orienta por la adaptación del sujeto a una norma social, sino por la posibilidad de que cada analizante encuentre una invención singular para arreglárselas con su síntoma. Lo que se acentúa es tener en cuenta que no solamente se trata de la escucha, sino de las respuestas analíticas: interpretación, presencia, silencio.
En segundo lugar, la institución analítica, donde se plantea el problema de la formación del analista. Retomando aportes de Germán García, se subraya que la institución no puede organizarse únicamente como una comunidad identificatoria, sino como un espacio de trabajo donde la formación se sostiene en el análisis personal, el control clínico y la producción de saber.
Finalmente, la exposición se detiene en la dimensión cultural del psicoanálisis. Siguiendo la lectura de Sigmund Freud en ‘El malestar en la cultura’, se plantea que el conflicto entre el sujeto, que hace una renuncia pulsional para convivir con los otros, y la civilización, es estructural. En este contexto, el psicoanálisis no promete eliminar ese malestar, sino ofrecer una lectura y unas respuestas que ubican la responsabilidad de cada sujeto en su contexto. En este punto se retoma la noción del ‘analista ciudadano’, desarrollada por Eric Laurent, para pensar las intervenciones del psicoanálisis en los encuentros y desencuentros con el campo de la salud mental y en los debates culturales sin renunciar a la ética propia de su discurso, una ética orientada hacia lo real.
La clase concluye señalando que la palabra del analista no se limita al dispositivo clínico, sino que implica una función ética que atraviesa la práctica, las instituciones analíticas y la cultura. En ese sentido, la función del psicoanálisis consiste en sostener un lugar para el sujeto del inconsciente y para la singularidad del deseo en una época marcada por discursos de evaluación, normalización y adaptación. -



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