Reseña de reunión de junio Módulo: Respuestas analíticas a las adicciones

Escrito sobre el encuentro del 6 de junio de 2020.

 

Por Carolina Fontán

 

Luego del reciente encuentro en el módulo Respuestas analíticas a las adicciones, tomo algunos conceptos y preguntas que se desplegaron allí para comentar e interrogar la teoría.

 

En primer lugar, hablamos acerca del tratamiento médico como sanción. Tomas Szasz [1] sostiene que “…la Medicina regula ahora las relaciones del hombre con su cuerpo.”  Lo que antes estaba en manos de la Iglesia pasa a ser potestad de los médicos.  Apartarse de las reglas que imponía aquella institución se transformaba en una herejía.  Hoy, es la Medicina la que sanciona con el tratamiento las prácticas aceptables.  De hecho, el médico tiene el poder de curar y de transformar en legítimo el uso de una droga. (La palabra “uso” tiene una connotación que va en estrecha relación con esa legitimidad).

 

Me parece oportuno detenerme en las acepciones del término sanción [2]: por un lado, el médico ratifica una clasificación, un diagnóstico del paciente: “Usted es adicto”, “Usted sufre de depresión”.  Claramente esta sanción tiene efectos en el paciente porque proviene de una autoridad competente: a veces inquieta, a veces apacigua, a veces propicia identificaciones (“soy adicto”).  Además, esa sanción autoriza legalmente un acto.  Es decir, siempre que un paciente consuma una medicación indicada por un médico la práctica se enmarca dentro de la ley.  Esto pretende desconocer, por ejemplo, que también hay abusos de medicación prescrita. La otra acepción se relaciona con la idea de castigo.  Es interesante verificar en la práctica cómo impacta en los pacientes, en sus familiares y allegados el hecho de que se le haya prescripto medicación psiquiátrica: el castigo de estar loco.

 

Otra cuestión que quisiera comentar es la expectativa de “normalidad” que supone la lógica de la medicina y que usualmente se traspola al ámbito de la salud mental.  Sería conveniente preguntarnos qué entendemos cuando hablamos de normalidad, particularmente en psicoanálisis: ¿existe la normalidad como tal? En la relación médico-paciente hay una búsqueda, un retorno a una supuesta normalidad.  Szasz sostiene que los médicos lo hacen con una “buena intención terapéutica”.  Desde ya, sería imposible volver a un tiempo cero, anterior al consumo, tal cual era antes.  Sin embargo, esa expectativa muchas veces motoriza los esfuerzos para llegar a una consulta y a sostener un tratamiento.  En segundo lugar, podemos cuestionar la buena intención médica.  Esto parte de un sustrato moral desde el cual el psicoanálisis no maniobra.

 

En relación con los tratamientos por abuso de drogas, Szasz se refiere al relevo de las anteriores prácticas religiosas por la medicina científica y critica la idea de que “un lego no debe curar su propio cuerpo, sino que debe ponerlo bajo la supervisión de un médico debidamente acreditado”.   Respecto de este punto se puede decir que es importante estar advertidos de la relación de poder que ejerce el médico sobre su paciente.  Desde allí cabe preguntarse qué lugar se le adjudica al médico, al psiquiatra, al analista para determinar si un sujeto debe dejar de consumir una determinada sustancia.  Se vuelve necesario escuchar el caso por caso.  Analizar el tipo de sustancia que se consume, el modo de consumo, la cantidad, el lugar que la sustancia ocupa en la estructura de ese sujeto es clave para determinar cómo se orienta ese caso.  Esto es algo que de ningún modo está determinado a nivel de la práctica de cada médico, sino que está sujeto a políticas públicas que definen por ahora dos lineamientos: abstencionismo y reducción de riesgos y daños.

 

Una pregunta que nos hemos formulado en ese encuentro es qué tipo de satisfacción encuentra un sujeto en las respuestas religiosas a las adicciones a diferencia de la satisfacción que encontraría en un tratamiento psicoanalítico.  En general, del lado de las iglesias y las comunidades terapéuticas podemos decir que se ofrece una respuesta “para todos”. Estará (tal vez) en la búsqueda de cada persona que llega a esos espacios encontrar allí comprensión, respuestas para aliviar su angustia.  En “El porvenir de una ilusión” Freud [3] define las representaciones religiosas de este modo:

 

 “Son enseñanzas, enunciados sobre hechos y constelaciones de la realidad exterior (o interior), que comunican algo que uno mismo no ha descubierto y demandan creencia.  Puesto que nos dan información sobre lo que más nos importa e interesa en la vida, se les tiene muy alto aprecio. Quien no sabe nada de ellas es harto ignorante.”

 

Luego intenta explicar por qué las enseñanzas religiosas se han sostenido a lo largo del tiempo:

 

“Si preguntamos en qué se funda su pretensión de que se las crea, recibimos tres respuestas que se encuentran en asombrosa discordancia recíproca. En primer lugar, merecen fe porque ya nuestros antepasados creyeron en ellas; en segundo, poseemos pruebas que justamente nos son trasmitidas desde esa época antigua, y, en tercero, está completamente prohibido cuestionar tales dogmas.”

 

Finalmente, me referiré a las razones que da Freud [4] para explicar la necesidad de aferrarse a esas creencias:

 

(Las representaciones religiosas) “son ilusiones, cumplimientos de los deseos más antiguos, más intensos, más urgentes de la humanidad; el secreto de su fuerza es la fuerza de estos deseos. Ya sabemos que la impresión terrorífica que provoca al niño su desvalimiento ha despertado la necesidad de protección —protección por amor, proveída por el padre; y el conocimiento de que ese desamparo duraría toda la vida causó la creencia en que existía un padre, pero uno mucho más poderoso. El reinado de una Providencia divina bondadosa calma la angustia frente a los peligros de la vida” (…). A partir de las premisas de este sistema, se desarrollan respuestas a ciertos enigmas que inquietan al apetito humano de saber; por ejemplo, el de la génesis del mundo y el del vínculo entre lo corporal y lo anímico; significa un enorme alivio para la psique del individuo que se le quiten de encima los conflictos, nunca superados del todo, que nacieron en su infancia en torno del complejo paterno, y se le provea una solución universalmente admitida.”

 

El modo de pensar la realidad humana y tramitar el malestar inherente a ella sobre el que se sostienen tanto las instituciones religiosas como las comunidades terapéuticas es sustancialmente diferente al que propone el psicoanálisis. Éste último sospecha de esos sentidos universalmente dados.  Al mismo tiempo, no tiene como objetivo a priori aliviar la angustia, sino servirse de ella como materia prima para el trabajo analítico.  Así, se vuelve necesario un método de trabajo diferente: la escucha no busca dar una respuesta universal que encaje en un manual de trastornos médicos, sino que se dirige a ese sujeto en su singularidad y esto es caso por caso. En Breve discurso a los psiquiatras, Lacan [5] afirma: “Es más bien en la localización de la no-comprensión, por el hecho de que se disipa, se borra, se pulveriza el terreno de la falsa comprensión, que puede producirse algo que sea ventajoso en la experiencia analítica.”  Se trata del sin-sentido de cada quien expresado en palabras.

 

Es tarea del practicante de psicoanálisis estar advertidos de los intereses que regulan las prácticas autorizadas por la ley y consideradas legítimas; ubicar las relaciones de poder que se juegan en su práctica y analizar los puntos mencionados más arriba cada vez, teniendo en cuenta las identificaciones, los ideales en juego y los sentidos históricamente repetidos, ya coagulados que se presentan en el discurso de cada sujeto y que producen angustia, para la cual el tóxico intenta dar una solución paradójica más.

 

[1] Szasz, Thomas, La psicología del drogadicto: La ética de la adicción, Editorial Rodolfo Alonso, 1971.

[2] https://dle.rae.es/sancionar

1. tr. Dicho de una autoridad competente: Ratificar una ley o disposición mediante sanción.

2. tr. Autorizar o aprobar cualquier acto, uso o costumbre.

3. tr. Aplicar una sanción o castigo a alguien o algo.

[3] Freud, S.: El porvenir de una ilusión, Amorrortu, tomo XXI, p 26, 1992.

[4] Ibid. p. 30.

[5] J. Lacan, Breve discurso a los psiquiatras, 1967.

Av. Perón 1112, San Fernando, Buenos Aires

info@apsat.com.ar

APSaT

Teléfono 4890-2140

Personería jurídica Nro. 36114 (Prov. Bs. As.)

©  Todos los derechos reservados APSaT 2020

  • White Facebook Icon
  • White Twitter Icon
  • White Instagram Icon