16º clase

Clase a cargo de Eduardo Romero, psicoanalista, miembro del Centro Descartes

"¿Quién?"

Reseña a cargo de Verónica Ortiz

   La décimo sexta clase del seminario 2022 de APSaT “Lazos sociales-Hechos de discurso” fue dictada el pasado viernes 4 de noviembre por nuestro invitado, Eduardo Romero, psicoanalista miembro del Centro Descartes (CABA). 

Llevó por título “¿Quién?” y Romero partió de ahí, desde cierto enigma que, según él inadvertidamente, había provocado en los que estábamos allí para escucharlo. ¿Quién habla cuando llega una persona al consultorio? ¿Quién habla en él o ella sin que lo sepa? ¿A quién le habla, quién supone que es el analista? Esas preguntas dieron el puntapié inicial para ir desgajando con cuidado, pieza por pieza, al psicoanálisis de otras terapéuticas.  

La pregunta quién habla implica escuchar de entrada- intentar dilucidar por su resonancia- aquellos significantes amo que regulan la vida de alguien. ¿Para qué? Para que quien habla advierta la alienación que lo constituye.  

El practicante propiciará la histerización del discurso: atento a las fallas- los lapsus, las equivocaciones, los actos fallidos, los sueños-, apuntando a que, retroactivamente, luego de haberse dicho algo, el sentido no sea ya el mismo. En el mejor de los casos habrá un antes y un después de la extrañeza- de la conmoción incluso- que provoca equivocar una palabra y escucharse decir aquello que se dijo por fuera de toda intención del yo.  

El lugar del analista, ajeno a todo deseo de dominio, no es, sin embargo, un lugar ganado de una vez y para siempre. Es más bien fácil, ciertamente, deslizarse hacia el discurso amo de la época, con sus buenas intenciones, de curar, por ejemplo. Lo contemporáneo, con sus significaciones, las identificaciones que propone, los valores, el sentido “común”, es la pendiente moral por la cual el analista puede desbarrancar su práctica. 

La ética del psicoanálisis que no es, justamente, una moral, supone la función de un deseo, el deseo del analista, definido en esta ocasión por el enseñante, de modo simple: “El deseo del analista es deseo de psicoanalizar”. Cosa sencilla de decir y muy difícil de practicar. 

Un recorrido por los matemas lacanianos articulados entre sí en los cuatro lugares propuestos por Jacques Lacan en los así llamados “cuatro discursos”, llevó a Romero a realizar un cierto elogio al discurso histérico en lo que éste tiene de importante, no solo en la invención del psicoanálisis por Sigmund Freud, sino también en el inicio de cada análisis, para luego advertir que, de quedar en la encerrona que la histeria propone al analista, no habrá análisis. 

La enunciación de Eduardo Romero se desprende del estilo con el que dictó la clase. Evitando el exceso de jerga, alejado de la langue de bois que en ocasiones se cuela en algunas presentaciones psicoanalíticas, llegó a transmitir, a hacer pasar, su relación al psicoanálisis.  

A partir de allí, ya es conocido- al menos para los asistentes al Seminario anual- el modo de trabajo al que nos auto convocamos luego de la finalización de cada clase: será un rasgo de interés de la exposición o varios de ellos los que inviten a cada uno de los oyentes a poner de sí, en una conversación que prolongue, con interrogantes o comentarios, lo dicho por aquel que en la ocasión haya tomado el lugar del enseñante. 

El viernes 18 de noviembre tendrá lugar la última clase del seminario 2022. Estará a cargo de Félix Chiaramonte, Augusto Pfeifer, Verónica Rios y quien escribe, Verónica Ortiz,  bajo el nombre “Lo que queda por decir”. Lo que queda por decir testimonia de un deseo que habita en lo que se dice, que falla en decirse todo y que, por esa misma razón, invita a continuar.