Clase 6

"Referencias a las contribuciones de Freud" y "Un recorrido de Lacan”  

Ornella Paciello y Camila Musura

 21 de agosto de 2020

Ornella PacielloOrnella Paciello
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Camila MusuraCamila Musura
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Reseña de Valeria López

 

El viernes 21 de agosto tuvo lugar el sexto encuentro virtual del seminario anual “La formación de los practicantes, clínica y política  de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando –Tigre,  a cargo de Ornella Paciello y Camila Musura, miembros de APSaT, titulada “Referencias a las contribuciones de Freud y un recorrido de Lacan”.

Ornella  Paciello inicia su clase con un recorrido del texto de Freud: “Contribución a la historia del movimiento psicoanalítico” de 1914, destacando los claros principios y postulados freudianos que definen al método psicoanalítico frente al desvío de otras doctrinas que no pueden ni deben nombrarse psicoanalíticas, ya que no lo son. Esto en respuesta a Adler y a Jung, que terminarán llamando a sus teorías “Psicología individual” y “Psicología analítica” respectivamente.

Paciello recorre el texto haciendo hincapié en  tres aspectos fundamentales, puntualizado tres apartados: En el primero, Freud se sitúa como el único participante y creador de la teoría psicoanalítica; cita: “El psicoanálisis es una creación mía. Yo fui durante diez años el único que se ocupó de él y todo el disgusto que el nuevo fenómeno provocó en los contemporáneos se descargó en mi cabeza como forma de crítica, nadie puede saber mejor que yo lo que el  psicoanálisis es, en qué se distingue de otros modos de explorar la vida anímica,  qué debe correr bajo su nombre y qué sería mejor llamar de otra manera”. Se destacan las referencias del texto donde la represión, la transferencia y la resistencia constituyen pilares fundamentales de la teoría, así como la introducción de la sexualidad infantil –que le costó a Freud críticas en la comunidad vienesa de la época-, y  la interpretación y el uso de los sueños para el reconocimiento del inconsciente. Continúa Freud, "Y que cualquiera que se aparte de estas premisas difícilmente podrá sustraerse a acusación de ser un usurpador que busca, si es que se podría  llamarse  psicoanalista”.

En el segundo apartado sobre el movimiento de la expansión del psicoanálisis, Freud relata que desde 1902 se reunía con otras personas que estaban interesadas en ejercer, aprender y difundir el psicoanálisis, con quienes luego funda la Asociación Psicoanalítica de Viena. Luego entra en juego la Escuela de Zurich en 1907, que ejerció gran influencia en la expansión del movimiento psicoanalítico y  en 1910 Freud funda la Asociación de Psicoanálisis Internacional (IPA). Proyectaba su confianza en Jung para dejarle la responsabilidad de su legado, pero en los años sucesivos se fue abriendo una brecha irreconciliable de discrepancias teóricas y políticas que resultaron en un conflicto insalvable debido al cual Freud debió defender su teoría psicoanalítica de las modificaciones y desviaciones.

Y es en el tercer apartado donde Freud desarrolla los aspectos disidentes de aquellas teorías no psicoanalíticas, desligando a Jung del movimiento, ya que no estaba dispuesto a ceder sus verdades ganadas. Este último intentó quitar el factor sexual de la libido, eliminar lo chocante y alinearse al sistema ético religioso, buscando ganarse la buena voluntad del público en una línea sin fracturas. A lo que Freud respondió tajantemente:  "En 1912 Jung en una carta que me envió de los Estados Unidos, se gloriaba de que sus modificaciones al psicoanálisis habían vencido las resistencias en muchas personas que hasta entonces no querían saber nada de él. Le respondí que eso no era ningún título de gloria y cuanto más sacrificadas esas laboriosamente verdades ganadas del psicoanálisis tanto más vería desaparecer la resistencia”. La modificación que tan orgullosos mostraban los suizos no era más que el refrenamiento teórico del factor sexual. Y prosigue: “Combaten cosas ahora que ellos mismos defendieron antes y por cierto no sobre la base de observaciones nuevas que podrían haberlos instruido, sino a consecuencia de reinterpretaciones que ahora les hacen aparecer las cosas diversamente que antes. Por eso no quieren romper el vínculo con el psicoanálisis cuyos defensores se confesaron ante el mundo y prefieren proclamar que el psicoanálisis se ha modificado. En el Congreso de Munich me vi precisado a terminar con esta navegación a dos aguas y lo hice declarando que no admitía las innovaciones de los suizos como continuación legítima ni como desarrollo interior del psicoanálisis creado por mí”.

Paciello  cierra su presentación de esa noche con la siguiente frase freudiana: “Los hombres son fuertes durante todo el tiempo en que sustentan una idea fuerte, se vuelven impotentes cuando se les ponen en contra. El psicoanálisis soportará esta pérdida y a cambio de estos partidarios ganará otros.”

Y cede la palabra a Camila Musura, quien abre con una cita de Germán García de un artículo que se titula “El pasado como renovación permanente”, que comienza refiriéndose a la entrada del psicoanálisis en la Argentina: “Freud transformó la psiquiatría y Lacan transformó a Freud”. Musura explica que hay distintos momentos en la enseñanza de Lacan y elige el texto de Jacques-Alain Miller Seminarios en Caracas y Bogotá del cual recorta “Recorrido de Lacan”.

Allí hay una orientación para los que vayan a leer a Lacan: “[…] es intratable porque no cedió  ante ninguna fuerza que se opusiera ante esta enseñanza pero al mismo tiempo poderoso en la intelectualidad francesa”. Lacan no se trazó el objetivo de reinventar el psicoanálisis, al contrario, colocó los comienzos de su enseñanza bajo el signo de un retorno a Freud. Y se preguntó en qué condiciones era posible el psicoanálisis. El psicoanálisis es posible si y solo si está estructurado como un lenguaje, hipótesis que Lacan desarrolla hasta las últimas consecuencias.

Es recomendable leer a Freud directamente, darnos cuenta que en realidad lo que él hace es descifrar el inconsciente, convirtiéndolo en una evidencia difícilmente discutible y tornando posible operar sobre el síntoma mediante la palabra. Cita de Miller: “El discurso analítico de Lacan es una argumentación que penetra en el detalle de los fenómenos de la experiencia analítica. Una argumentación que pretende ser demostrativa en un campo donde el oscurantismo y el recurso al pensamiento mágico son la regla. Hay que seguir sus referencias, si me permiten la expresión, romperse la cabeza, esto quiere decir que es una obra sumamente opaca para lectores apurados.”

Miller hace un recorrido de las distintas épocas de la enseñanza de Lacan: 1953, “Función y campo de la palabra y del lenguaje en psicoanálisis”; seminarios entre 1953 y 1963 dedicados cada año a un concepto de la obra freudiana; 1964 a 1974- época que coincide con la segunda escisión del movimiento psicoanalítico francés y el desplazamiento de la enseñanza a la Escuela. En ésta última etapa se produce el desarrollo más propio de su enseñanza: el sujeto barrado, el objeto a, el Otro con mayúscula, R.S.I.

Y acerca de la posición analítica se pregunta Miller cuál es la función del psicoanalista: “Es desaparecer en cuanto yo, no permitir que la relación imaginaria domine la situación, en este sentido su posición misma en el dispositivo analítico manifiesta esta sustracción a la relación imaginaria. […] Y si se interpreta se debe interpretar desde ésta posición excéntrica, solo desde este lugar tiene la posibilidad de deshacer el síntoma."

Finaliza entonces su clase Musura con una cita de Germán García [Diversiones psicoanalíticas]  que la guió en su recorrido de lectura: “Frente al malestar en las sociedades psicoanalíticas, Lacan propone una tercera cosa que no es la fraternidad ni el saber sino la formación. Entendida como la producción del saber permanente, se hace un saber que no se puede atar, es el objeto a. Este objeto constantemente exige una nueva reelaboración del saber, se hace un programa, pero a medida que se lo va estudiando, éste nos lleva a temas que no estaban previstos, a mitad del camino puede darse una escisión, pasan cosas, etc. De esta manera el saber no se puede consolidar.”

Hay entonces, o bien el malestar y la confusión, o bien la organización sobre la base de la formación. Es decir, poner constantemente en juego el proceso mismo de formación de saber, no el saber sabido.

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