3° clase

El significante representa un goce (perdido) para otro significante -  a cargo de Verónica Ortiz

Reseñado por Lorena Di Masso

 

“Este saber muestra aquí su raíz en el hecho de que, en la repetición, y para empezar bajo la forma de un rasgo unario, resulta ser el medio del goce - del goce en tanto supera los límites impuestos, bajo el término de placer, a las tensiones usuales de la vida.”

 

“Este saber es medio de goce. Y, lo repito, cuando trabaja, lo que produce es entropía. Esta entropía, este punto de pérdida, es el único punto regular a través del cual tenemos acceso al goce. En esto se traduce, culmina, se origina, la incidencia del significante en el destino del ser que habla.”

 

“A partir de aquí comienza el trabajo. Con el saber en tanto medio del goce se produce el trabajo que tiene un sentido. Este sentido oscuro es el de la verdad.”

 

(J. Lacan.: El Seminario, Libro 17, Clase 3)

 

 

 

Verónica Ortiz anticipa su presentación: realizará un comentario de la tercera clase de El reverso del psicoanálisis, titulada "Saber, medio de goce". Ubica de entrada que el punto de interés es que se trata de un momento novedoso en la enseñanza de Lacan ya que, según la lectura de J.- A. Miller, es a la altura de los Seminarios XVI y XVII y del escrito Radiofonía que se inaugura el quinto paradigma del goce, el “goce discursivo”.

 

Argumenta los dos títulos que dan marco y nombran a esta clase. El del seminario lacaniano y el suyo. Para ello retoma la conocida formulación que resume la alienación simbólica: “El significante representa a un sujeto para otro significante”. Frente a ella presenta otro orden de conceptualización -introducido por Miller a partir de los discursos de Lacan- que complejiza al anterior al suponer la dimensión del goce: “El significante representa un goce (perdido) para otro significante”.

 

La novedad entonces es la ligadura que Lacan establece a esta altura de su enseñanza entre el campo significante y el goce. Este último está implicado en la repetición y en el más allá del principio del placer que ya Freud describía como una satisfacción paradójica, una satisfacción en el dolor. En esta tercera clase del Seminario 17 hallamos en las siguientes frases una conceptualización del goce: “Lo inanimado. Punto de fuga, punto ideal, punto fuera del plano, pero cuyo sentido capta el análisis estructural.”. Es que el significante falla, señala Ortiz siguiendo la referencia de Miller, tanto al representar al sujeto como al “representar” al goce.

 

A partir de allí la enseñante realiza un desarrollo exhaustivo acerca de la operación de constitución subjetiva ubicando de manera precisa las operaciones de alienación y separación, el encuentro entre un sujeto y el campo del Otro (o el saber, S2). Por un lado “se extrae, se fija, se inscribe” el rasgo unario (S1) -definido como “la forma más simple de la marca”- fijando al sujeto, y por el otro se produce la extracción del objeto. Se trata del objeto a, objeto perdido freudiano, que supone una entropía. No obstante,  allí donde se pierde surge también un suplemento de goce al modo de tapón: el “objeto plus de goce”, que permite ampliar la lista de objetos a (oral, anal, escópico, invocante) extendiéndola con objetos de la cultura, la industria, la sublimación, esos “poco de goce” que son sustitutos con los que resulta posible satisfacerse, produciéndose cierta recuperación y que dan su estilo a nuestro modo de vivir.

 

Para abordar la cuestión de la marca, “conductora de voluptuosidad”, dice Lacan, Ortiz se remite a Roland Barthes y sus formulaciones acerca de la escritura, en tanto “la marca es algo que se escribe”. Hace referencia a dos modos de escritura: el de oriente y el de occidente; el del pincel y el del punzón, que produce una hendidura, una marca, una incisión; la mano que acaricia y la mano que fuerza. Dice Barthes en Variaciones sobre la escritura: “La relación con la escritura es la relación con el cuerpo”. Se introduce así la noción de cuerpo.

 

Convendría entonces recordar que en este momento de la enseñanza de Lacan se trata del cuerpo en tanto superficie de inscripción. El cuerpo, hasta este momento abordado desde la perspectiva de lo imaginario y sostenido exteriormente por lo simbólico, ahora es captado por su incorporación directa. La referencia se encuentra en "Radiofonía", donde Lacan plantea que el cuerpo simbólico “hace al segundo al incorporarse en él”. Se trata del modo en que lo simbólico toma cuerpo y en que el cuerpo lleva la marca. También puede decirse, siguiendo al Lacan de "Radiofonía" y al compás de lo que plantea esta clase, que hay un saber (inconsciente) que afecta al cuerpo.

En esta tercera clase de El reverso del psicoanálisis, Lacan tomará el ejemplo de la flagelación para ubicar la equivalencia entre el gesto que marca y el cuerpo objeto de goce. Como apunta Ortiz, ya no se trata de lo puro simbólico sino, antes bien, del original anudamiento entre lo simbólico y el cuerpo, de ese punto de inserción entre un cuerpo viviente y el aparato del lenguaje, que es a la vez, un aparato de goce. Se trata de ubicar la incidencia del significante en el destino del ser que habla.

"Saber, medio de goce". "El significante representa un goce (perdido) para otro significante". Dos títulos, dos formulaciones que señalan que cada vez que alguien habla, goza. Trabajo significante que produce entropía, pérdida, hueco donde se aloja el a y el goce. Al decir de Miller, hay un sujeto del significante y un "sujeto" del goce. Ortiz subraya un viraje en la enseñanza de Jacques Lacan: “La articulación significante es un medio para gozar”. Vale remitirse a los epígrafes de esta reseña, extractos del texto a partir de los cuales se edificó y tomó forma esta clase, que además supo recorrer punto por punto distintos señalamientos del seminario lacaniano.

Entre ellos interesa anotar la imposibilidad estructural que Lacan encuentra para traducir el discurso analítico al discurso universitario. Con posterioridad, se referirá también a la imposibilidad como un hecho de estructura. En este punto, Ortiz agrega una definición que puede leerse en las primeras páginas del Seminario XVI: “la estructura (...) es lo real mismo (...) lo que se determina generalmente por convergencia hacia una imposibilidad (...) apunta (...) a la causa del discurso mismo”. Y realiza una referencia a Germán García, que oportunamente subrayó que la estructura en psicoanálisis no es sin el objeto a. No se trata solamente de lo simbólico. Importa la dimensión del goce. Y como subraya Ortiz siguiendo a Lacan, esta estructura interesa a la experiencia analítica desde el mismo punto de partida.

En esta clase Lacan da lo que puede entenderse como una indicación clínica: “La posición del psicoanalista (...) está hecha del objeto a.  "(...) En la articulación que hago de lo que es estructura del discurso (...) en lo que al discurso psicoanalítico se refiere, esta posición es, sustancialmente, la del objeto a, en tanto este objeto a designa de forma precisa lo que se presenta, de los efectos de discurso, como más opaco, desconocido desde hace mucho tiempo y, sin embargo, esencial. Se trata del efecto de discurso que es efecto de rechazo”. Verónica ubica este señalamiento como otro movimiento. En la primera enseñanza de Lacan la posición del analista había sido la del gran Otro, tomando de este modo un lugar simbólico que se diferenciaba del lugar que le otorgaban los analistas posfreudianos (situado en el eje imaginario, yo-yo, a-a´). También se refirió al analista como el que debía ocupar el lugar del muerto en el juego del bridge. Con la introducción de la dimensión del objeto y el goce en sus desarrollos, a esta altura de su enseñanza, Lacan formula: “La posición del psicoanalista (...) está hecha del objeto a”.

Para finalizar, y minutos antes de los comentarios e intervenciones, Ortiz realiza un breve esbozo acerca de la cuestión de la verdad, que Lacan comienza a desarrollar en el último apartado de esta clase, como aquello que solo puede decirse “a un medio decir”. No puede decirse por completo, pues más allá de esa mitad no hay nada que decir. La verdad es la impotencia, “tiene un sentido oscuro”, y el amor por ella es el velo que se levanta frente a la castración.

 

En dos semanas tendrá lugar la cuarta clase del seminario, en la cual Augusto Pfeifer presentará "La verdad encubridora", a propósito de la clase del Seminario XVII  titulada "Verdad, hermana del goce".