Clase 2

"El superyó innominado”

  Pablo Rosas

2 de abril de 2021

Reseña de Félix Chiaramonte

En este encuentro por zoom del 2 de abril de 2021, Pablo Rosas al iniciar su clase no olvida las efemérides y menciona su recuerdo y respeto por los Héroes de Malvinas.

Retoma algo dicho por su antecesor Félix Chiaramonte en la clase anterior y pone el acento en las referencias filosóficas, puntualizando a Johann Gottfried Herder (filósofo, teólogo y crítico literario alemán 1744-1803 , cuyos escritos contribuyeron a la aparición del romanticismo alemán).

“Nuestro programa” en el Seminario 7 La ética del psicoanálisis de Jacques Lacan plantea “la cuestión de saber qué permite formular el psicoanálisis en lo tocante al origen de la moral”.

Citando a Lacan, agrega: ¿Se reduce su aporte a la elaboración de una mitología más creíble, más laica que la que se presenta como revelada? -la mitología reconstruida de Tótem y tabú, que parte de la experiencia del asesinato primordial del padre, de lo que lo engendra y de lo que se encadena a ella. Rosas nos advierte que hay un giro allí, hay algo complejo, “en tanto asesinado, padre”, una cuestión entre la animalidad y la civilización, la cultura.

“En suma, todo se limita a la génesis del superyó?” (…) “Algo se impone allí, cuya instancia se distingue de la pura y simple necesidad social; esto es aquello cuya dimensión intento aquí permitirles individualizar bajo el registro de la relación del significante y la ley del discurso.”

Y vuelve su atención siguiendo a Lacan, hacia el malestar en la cultura freudiano. Ubica el “instinto de muerte”, y marca especialmente “la originalidad de la conversión freudiana en la relación del hombre con el logos”.

Es aquí donde se vale del filósofo Herder, a quien contextualiza. Plantea su crítica a Kant, en su Metacrítica, su crítica de la crítica , “no hay más razón que la humana”, “el alma humana piensa con palabras”. “Aprendemos a pensar a través del lenguaje”, lo que a nosotros nos parece obvio no lo era tanto en esos tiempos. Logos, una misma palabra para la razón y para el lenguaje.

Herder hace una crítica de los juicios sintéticos a priori de Kant, el espacio y el tiempo, respecto de Crítica de la razón pura, en la estética trascendental kantiana.

Para Herder los juicios sintéticos a priori constituyen un error en el uso del lenguaje. Estas patologías de la razón son las que habría que curar. El diagnóstico es que la razón se extravía, el camino sería el opuesto. La pregunta propuesta es: ¿Cómo llegaste a ti y a tus conceptos? ¿Cómo los has empleado, encadenado y emplazado? ¿Por qué atribuirle certeza universal? Si posee lenguaje es gracias a la experiencia. El problema de una suprarrazón sería separarse de la experiencia, y seccionar toda filosofía. El verdadero a priori sería el lenguaje usado por los hombres que piensan.

Pero estos hombres no son universales, sino singulares y concretos , de una lengua, una nación, de normas y costumbres determinadas que los hace estar unidos a su suelo y raíz, (a sus S1, significantes amo, agrega Pablo). Herder renueva el pensamiento, antecedente tal vez de la hermenéutica y el multiculturalismo, abriéndose al romanticismo, ya que no podría aislarse ninguna forma del lenguaje, porque forma parte de nuestra experiencia. El tiempo y el espacio son una construcción del lenguaje.

El cartesianismo había separado la razón de la sensibilidad como fundamento de la filosofía. Para Herder la anatomía humana imperfecta es complementaria de la razón. Las impresiones sensoriales en sí mismas no desencadenan en el hombre un comportamiento general adecuado a la preservación de la especie.

La reflexión y la capacidad de hablar actúan conjuntamente en la sensibilidad del hombre en la que ningún sentido es dominante.

Lo que rescata Rosas es que Herder pone al lenguaje mismo en el centro , el Logos coloca a razón y lenguaje en una misma noción.

Oscar Masotta, para volver al sentido de la ética, en Lecciones de introducción al psicoanálisis, en su página 104, refiere que “Asunción, asumir” tienen que ver más con teorías o disciplinas de la conciencia, sugieren hacerse cargo de algo por la voluntad consciente, por lo mismo “asumir” pone en juego ciertas postulaciones éticas. Las operaciones analíticas también las postula, pero no es la conciencia sino el inconsciente el que va a estar de entrada, el primer postulado es una invocación al buen decir, y “decir bien” será sacar las palabras del peso de la conciencia, en la asociación libre.

En el comienzo , para Freud se trataba de hacer consciente lo inconsciente, en definitiva aceptar una representación inconciliable, abreaccionar una catarsis por medio de las palabras, un efecto de cura que no se hacía esperar , pero que posteriormente no duraba demasiado. No bastaba con “asumir” mediante la verbalización el acontecimiento reprimido del pasado.

Freud en Nuevas lecciones introductorias al psicoanálisis, la nro 31, habla de robustecer al Yo, hacerlo más independiente del Superyó, ampliar su campo de percepción y su organización, “donde era Ello habrá de ser Yo”. Masotta pone el acento en aquella frase de la cual depende qué idea del psicoanálisis se puede tener: “Wo es war, soll Ich werden” cuya traducción literal sería “donde Eso fue debe el Yo llegar a ser”, se interpretó que debía sustituirse al Ello, con el consiguiente adaptacionismo de las ideologías más reaccionarias. La interpretación lacaniana es radicalmente diferente: ahí donde el sujeto estaba escindido, la labilidad del objeto de la pulsión, los laberintos del deseo, la estructura del significante, es ahí mismo deber del sujeto dirigirse al reconocimiento de la Spaltung.

Herder planteaba que el animal tenía un fin, que su destino tenía un sentido predominante, cosa que no se daba en el hombre. Allí Rosas plantea que Lacan dice “instinto de muerte” con toda su paradoja, que implica asumir la construcción de lenguaje en la que está inmerso.

Una vuelta más por Germán García en Fundamentos de la clínica analítica, en su página 59, en donde esclarece sobre la diferencia entre padre real (PR) y Nombre del padre (NP), en donde este último como significante, ubica al sujeto en una estirpe, un árbol genealógico, un árbol de palabras. A partir de allí Rosas hace una serie lógica, no con el padre de la horda primitiva de Tótem y tabú , sino con un Real,  el genitor, análogo a un grado cero (grado cero de la escritura como diría Barthes), en un punto imaginario, el lugar del objeto a, esa figura obscenamente y feroz que goza, no medible, lo real del síntoma, más allá del principio de placer-displacer, desde lo cual se construirá après coup el lugar del padre simbólico, el NP.

El superyó parecería que reúne las mismas características, como heredero del Complejo de Edipo, una historia que se desenlaza, escrita de izquierda a derecha (propio de la cultura indoeuropea), pero también esa figura obscena y feroz, goza, está en el principio, de mismas características que un lenguaje. Ese grado cero, el cero número, lo real del síntoma, lo no medible del objeto a, lo que está más allá del principio del placer-displacer, lo que no encaja, lo innominado.

Por último culminará con la lectura en el Seminario de la Ética, página 16, donde Lacan enaltece a Freud en El malestar en la cultura. Rosas comenta que en la frase Wo Es war, soll Ich werden, (donde Ello era, el Yo deberá advenir) el Superyó está innominado o tal vez nombrado en el “deberá”.

Ese pensamiento imperativo no es trascendental sino que tiene que ver con el lenguaje mismo en tanto evoca y da lugar al tiempo y espacio. Lo primero en el hombre son trazos, trazos en la piedra, que tienen un espacio y un tiempo; eso se conjuga con  lo que plantea Herder acerca del lenguaje , según lo que articula en esta intertextualidad Pablo Rosas.

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