Clase 2

"Affectio societatis”  Verónica Ortiz

26 de junio de 2020

Reseña de Virginia Gilardi

El viernes 26 de junio tuvo lugar el segundo encuentro, de manera virtual, del seminario anual "La formación de los practicantes, clínica y política" de la Asociación de Psicoanálisis San Fernando Tigre. La clase estuvo a cargo de Verónica Ortiz quien la tituló "Affectio societatis". Verónica comenzó haciendo referencia al encuentro inaugural de este año. Recordó que este seminario está basado en una propuesta de Oscar Masotta de un programa de tres años y que estamos transitando el tercer año, cuando nos proponemos revisar el tema de las instituciones analíticas, las políticas que éstas se dan en relación al psicoanálisis, la ética en juego. Se trata de una política que enmarca la clínica. Una práctica que no es una comprensión psicológica, ni un diagnóstico al estilo psiquiátrico, ni tampoco pretende hacer psicología comunitaria.

Una ética de las instituciones analíticas, en las cuales sus practicantes no responden proponiendo un ideal de felicidad sino con su deseo de analizar; deseo que, si bien implica algo a esclarecer caso por caso, sabemos en principio que resulta de un análisis. Es su saldo.

También retoma lo que en el primer encuentro Félix Chiaramonte diferenciaba como tres “políticas”: la general (partidaria, en la polis), la política en la dirección de una experiencia analítica y la política del psicoanálisis. Para delinear esta política- que es la que nos orienta- Verónica tomó como referencia un párrafo del artículo "Psicoanálisis y política, discurso, valor, síntoma" de Germán García en su libro D'Escolar [pág. 197] donde se lee: "No se trata de psicoanalizar la política, tampoco de politizar el psicoanálisis sino de entender que el psicoanálisis es una política que llamamos transpolitica".

Y acerca de lo que constituye una práctica de la palabra, que incluye también al silencio, una afirmación de Jacques Lacan extraída del mismo libro, en el artículo "La comunidad inconfesable": "¿Pero con qué clase de palabras? Menos para que la respondan que para que quieran llevarla en ellos y acaso prolongarla. Así encontrarán que tiene un sentido político exigente que no nos permite desinteresarnos del tiempo actual, el cual abriendo espacios para libertades desconocidas nos hace responsables”. Concluye Germán García: "Ese sentido político exigente es, me parece, una transpolítica".

Nos encuentra así como analistas en la institución, comprometidos en un sentido político exigente y responsables de hacer uso de la palabra en relación a otros y en el tiempo actual. Interesa en tanto opere para cada quien un deseo a cuya función Lacan se refiere así: “La función del deseo debe permanecer en una relación fundamental con la muerte". Se trata entonces de la relación de cada quién con su propia muerte.

Una posición ligada más al desamparo que a la fortaleza, a la desilusión que a la ilusión, como lo señala Verónica a partir del texto de Sigmund Freud “De guerra y de muerte, temas de actualidad" en el que el autor  sostiene que la desilusión motivada por la guerra no estaría justificada ya que se basaría en una ilusión. Freud dice que el hombre de cultura es presa de la ilusión de ser mejor de lo que es. Que sus acciones estarían guiadas por elevados principios morales y éticos. Esta ilusión cae frente a los horrores causados por la guerra.

Freud sostiene que acerca de la ambivalencia que  habita nuestros deseos inconscientes mejor estar advertidos, esto ayuda a soportar la vida.

Estar advertidos de esto como nos sugiere Freud forma parte de la producción de un sujeto en análisis, pero sobre todo de la formación de los analistas para quienes la enseñanza se interesa más en una producción de saber que en la adquisición de un saber ya sabido. La invitación es a participar de un saber en permanente formación y que produce, como señalaba Félix en el primer encuentro, un "objeto que no se puede datar", algo que remite al objeto a.

En este sentido tenemos la referencia al prólogo de Oscar Masotta de Ensayos Lacanianos donde define su producción, sus ensayos, como un "conjunto de tentativas", lejos de la pretensión de constituir un saber erudito. Describe sus estudios sobre la obra de Lacan como: "una práctica trabajosa e infinita de esa obra". Lo que define una determinada relación al psicoanálisis, a sus textos y a su práctica.

Y esta relación al psicoanálisis involucra también a las instituciones analíticas. Como también dicho en la primera clase, no desconocemos que hay entre nosotros configuraciones grupales características de las formaciones de masa como las que describió Freud pero intentamos interrogarlas, disolverlas, analizarlas.

De esto se trata el affectio  societatis, que si bien es un término del discurso jurídico, puede funcionar como un nombre posible para la transferencia de trabajo entre analistas. La política del psicoanálisis lacaniano que nos convoca a ocuparnos también de sus instituciones y su affectio societatis ha tenido un lugar en la historia del psicoanálisis. Siguiendo una referencia tomada de El banquete de los analistas evitamos pensar la historia del psicoanálisis como perteneciente al pasado. Miller sostiene que “produce incluso cierto vértigo pensar que está en el presente, pero es un error, la historia del psicoanálisis está en el futuro, aun cuando se la viva hoy y las claves estén en su pasado, en sus programas, en lo que primero se escribió del psicoanálisis.".

Podemos poner este lazo de la historia con el futuro en relación con lo que a la altura del Seminario 11 Lacan enseña sobre el inconsciente: un inconsciente ligado al tiempo, no realizado, que está en potencia de realización en tanto tenga o no lugar el encuentro con un analista. El analista forma así parte del concepto de inconsciente.

Esta relación de un analista con su analizante se articula con una relación del analista con el psicoanálisis.  Así lo dice Miller en el mismo texto: "¿Cómo estar en regla con sus analizantes sin aclarar su relación con el psicoanálisis mismo? Si me permiten esto vale para todo analista que tiene que dilucidar sus relaciones con el psicoanálisis". Toma de posición entonces, con el analizante y con el psicoanálisis, que se revisa por la vía del control. Miller hace referencia luego a un tercer registro: el que hace a la relación del analista en su trato con otros analistas.

Affectio societatis es el título de una “charla brasileña” de Miller. Alude a lo que en el discurso jurídico excede al contrato y a los reglamentos. Algo va más allá de esta regulación simbólica y que los practicantes del psicoanálisis sabemos subyace al lazo social. En el lazo social lo que prevalece es más bien "la liquidación del otro", “o tú o yo". Eso es lazo social, un lazo de dominio. Miller propone que el affectio societatis jurídico intenta dar cuenta de algo más que lo imaginario y lo simbólico. Los analistas sabemos de la pulsión de muerte, de algo del orden del sufrimiento a soportar en una asociación, que excede los reglamentos y estatutos.

En su relación al psicoanálisis los analistas, dice Miller, no deberían confundir lo que se hace solo y lo que hacemos juntos. En el análisis, el analizante está solo, aunque el analista este allí.  Está solo el analista en su acto, en su intervención, en su silencio. Como está solo también en la enseñanza, en la cual lo que diga es a su cuenta y riesgo. No hay enunciación colectiva.

Y, está la dignidad, dice Miller, de lo que hacemos juntos. Reunir las soledades y discutir con el otro. El valor de estar juntos soportando al otro en su vertiente imaginaria: al rival, al semejante. Y soportar al Otro con mayúsculas- que en una asociación es la idea de que están “todos y yo”: "Soportar el conjunto de los demás. Cada uno en relación al conjunto de los demás se siente el uno. Están todos los otros y yo. La posición de menos uno es menos yo. Es una posición de goce para el neurótico. El neurótico se descuenta. Y esta posición de excluirse tiene su dignidad por ser materia a partir de la cual se hace el análisis".

Entonces, algo del lenguaje de lo universal regula este estar con los otros: son los estatutos, los reglamentos. Algo de la falta en este universal se introduce por lo que Miller decide llamar affectio societatis. Un elemento suplementario que se excluye del universal simbólico imaginario. Allí podemos ubicar al objeto a como pérdida. Más allá de las identificaciones, los efectos de masa, el factor cohesivo grupal habrá de tener un interés por el psicoanálisis. De esto se trata el affectio societatis, algo del orden del objeto a en un conjunto. Y quiénes participan de este affectio societatis están advertidos que hablar con otros introduce algo del malentendido. Cada uno hará, entonces, su propio recorrido a partir de esto indecible.

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