Clase 14

"La armonización psicológica y la respuesta analítica" 
Camila Musura

 15 de octubre 2021

14° claseMusura.png

Por Myriam Leguizamón

La décima cuarta clase del Seminario anual de la APSaT estuvo a cargo de Camila Musura con el título “La armonización psicológica y la respuesta analítica”.

Musura comenzó su recorrido leyendo unas preguntas que formula Lacan en el Seminario 7, en el capítulo XXIII: “Las metas morales del psicoanálisis”: “¿La perspectiva teórica y práctica de nuestra acción debe reducirse al ideal de armonización psicológica? ¿Debemos nosotros, con la esperanza de hacer acceder a nuestros pacientes a la posibilidad de una felicidad sin sombras, pensar que puede ser total la reducción de la antinomia que Freud mismo articuló tan poderosamente? ¿Es acaso sostenible reducir el éxito del análisis a una posición de confort individual, vinculada a esa función con toda seguridad fundada y legítima que podemos llamar el servicio de los bienes?”

Señala que fueron esas preguntas las que la orientaron hacia algunas lecturas y ciertas referencias para tratar de ubicar la idea de felicidad en el psicoanálisis, pero también en relación al contexto actual que insiste en lo que podría enunciarse como el imperativo: ¡Hay que ser feliz!

Comienza con una primera referencia sobre la idea de la felicidad que ubicó en el Seminario 3, de 1955, Las Psicosis, donde Lacan enuncia que encontrarse solamente con gente desdichada no es una cuestión azarosa y, si los practicantes del psicoanálisis creen que la gente feliz existe en algún lado, no han entendido nada del psicoanálisis.

Luego, en los comienzos del Seminario 7, Lacan menciona la posición freudiana en torno a la felicidad: “Ciertamente Freud no duda, tampoco Aristóteles, que el hombre busca la felicidad, que ese es su fin. A Freud no se le escapa que la felicidad es lo que debe ser propuesto como término de toda búsqueda, por ética que ella sea. Pero lo decisivo […], lo que yo querría leer en El malestar en la cultura, es que, para esa felicidad, nos dice Freud, absolutamente nada está preparado en el macrocosmos ni en el microcosmos.”

Para referirse a la idea moderna de felicidad recurre al libro Amor y occidente, de Denis de Rougemont. Musura destaca que, si bien es un libro escrito en 1938, le resultó notablemente actual. El autor sostiene “…vuestra felicidad… depende de esto, exige aquello. Y esto y aquello siempre es algo que hay que adquirir generalmente con dinero. El resultado de esta propaganda cuyo éxito garantiza el estado moral de la época es a la vez el de obsesionarnos por la idea de una fácil felicidad y la de hacernos incapaces de poseerla porque todo lo que se nos propone nos introduce en el mundo de la comparación.”

Avanza con esa “comparación”, pero ya en palabras de Lacan, cuando éste señala que la referencia del sujeto a todo otro -cualquiera sea ese otro -siempre apunta a pensar en ese otro como alguien más equilibrado y más feliz, ese espejismo, señala Musura es abordado y explotado por una serie de terapias y prácticas de la época que apuntan a una “armonización psicológica”.

Si bien Musura señala ese ideal de armonización en referencia a las terapias breves y al cognitivismo, advierte que actualmente podemos ubicar que esa promesa de felicidad se expande por fuera del ámbito “psi”, y son numerosas las ofertas que prometen y aseguran tener los instrumentos, medios y técnicas para enseñar a cada uno a ser feliz.

Comenta a continuación algunos puntos de interés en Efectos terapéuticos rápidos, de Jacques Alain Miller (2005).

Ubica el contexto político en el que el libro fue escrito, destacando que se trata de una respuesta frente al ataque al psicoanálisis que estaba sucediendo en España y, fundamentalmente, en Francia a raíz del florecimiento de las terapias cognitivas. Cita seguidamente a Miquel Bassols quien, en el prefacio del libro, refiriéndose a los franceses dice, “…quieren hacer pasar por ciencia el uso más grosero del número y de la estadística con fines puramente ideológicos de control autoritario del saber y del malestar del sujeto…”

En la introducción de ese libro, continúa  Musura, se lee “Nadie supone que los resultados del psicoanálisis no puedan ser evaluados, pero hace falta que esa evaluación se haga de otra forma con otros criterios epistémicos distintos a la cultura de evaluación de las que provienen las terapias cognitivo-comportamentales, así como la empresa monstruosa que ha dado a luz al Manual diagnóstico y estadístico de trastornos mentales -DSM- estos “métodos evaluadores” utilizan el instrumento estadístico con la pretensión de dar gradaciones objetivas del sufrimiento humano, se apoyan en los métodos niveladores y dogmáticos del marketing para hacer compatible el desamparo, con el atiborramiento de medicamentos, con frecuencia los menos indicados para aliviar a los pacientes, a veces con consecuencias desastrosas, pero siempre para hacerlos callar o para ir lo más rápido posible y supuestamente de forma más rentable, cosa que queda por demostrar.”

En el marco de las conversaciones clínicas que componen el libro se plantea la pregunta por la diferencia entre las psicoterapias breves y los efectos terapéuticos rápidos: “La terapia breve promueve la modificación o eventualmente la desaparición del síntoma y un efecto terapéutico rápido reduce el goce implicado en el síntoma del sujeto y relanza un nuevo ciclo en la dirección de la cura”.

Jacques-Alain Miller especifica las características de esas terapias y las diferencias con el psicoanálisis "[...] estas son terapias que pretenden curar con la confianza en sí mismo. Las afirmaciones que hacen son: 'podemos curar', 'podemos curar rápidamente', 'podemos evaluar cuántas sesiones son necesarias a partir de un sufrimiento dado para sacar al sujeto de su mal'. Sin embargo, el psicoanálisis está en déficit respecto de estas terapias, porque no es nuestro estilo, no somos vendedores de felicidad ni de confianza en sí mismo. Pensamos, al contrario, que un análisis necesita que el sujeto pierda su confianza en sí mismo y no la recupere demasiado rápido de tal manera que pueda quedar abierto el agujero donde pueda seguir trabajando.”

Luego, pasa a un párrafo de la clase 7 del libro de Diversiones Psicoanalíticas, de Germán García, para ilustrar el desvío de las generalizaciones al que ese tipo de prácticas incurren: “Siempre es atractiva una teoría que nos dice que la gente está armada según el contexto en que vive. Es atractiva porque es cierta, pero esa teoría tiene una falla… De lo que no da cuenta esta teoría es de esa misma regla de composición. Supongamos que una niña se hace fóbica, histérica u obsesiva, en los tres casos tiene que ver con una historia, pero no es la misma historia. Es como decir vi una película hecha con celuloide, banda de sonido y en colores. Si, bueno, pero ¿era del oeste? Es una cosa, ¿de amor? es otra cosa. Se trata de la materia prima con que está hecha la cabeza de un tipo, evidentemente si hablo castellano es porque nací en esta zona, si hubiera nacido en Japón hablaría japonés. Esta es la cuestión de la particular organización que hay en cada uno y que no puede plantearse como una teoría del reflejo, del condicionamiento, del medio, o todas esas cosas que se dicen.” Destaca Musura la enseñanza de Germán García, quien a partir de ejemplos cotidianos y del lenguaje común logra articular conceptos muy complejos iluminándolos de un modo excepcional.

En su recorrido vuelve al Seminario 7 para leernos cómo se manifiesta Lacan en relación a la demanda de felicidad: “Lo que se nos demanda debemos llamarlo con una palabra simple, es la felicidad. Nada nuevo les traigo aquí, una demanda de felicidad, de happiness. Efectivamente de eso se trata. El asunto tampoco se ve facilitado debido a que el factor de la felicidad devino un factor de la política, no podría haber satisfacción fuera de la satisfacción de todos”.

Continúa con otro recorte para darnos la respuesta contundente que Lacan da en relación al tema de la felicidad “Lo que articulé este año consistió en mostrarles, eligiendo los términos entre los más destacados, la distancia recorrida, digamos después de Aristóteles, y hacerles sentir hasta qué punto tomamos las cosa en un nivel diferente, cuán lejos estamos de toda formulación de una disciplina de la felicidad.”

Avanza en su lectura para subrayar en palabras de Lacan qué significa ese nivel diferente y esa distancia tan lejana de la promesa de felicidad que ofrece el psicoanálisis referenciándose en las páginas 367  y 368:  “Esto es lo que conviene recordar en el momento en que el analista se encuentra en posición de responder a quien demanda felicidad. La cuestión del Soberano Bien se plantea ancestralmente para el hombre, pero él, el analista, sabe que esta cuestión es una cuestión cerrada. No solamente lo que se le demanda, el Soberano Bien, él no lo tiene, sin duda, sino que además sabe que no existe. Haber llevado a su término un análisis no es más que haber encontrado ese límite en el que se plantea toda la problemática del deseo.” [...] “Lo que el analista tiene para dar, contrariamente a la pareja del amor, es lo que la novia más bella del mundo no puede superar, a saber, lo que tiene. Y lo que tiene no es más que su deseo al igual que el analizado, haciendo la salvedad de que es un deseo advertido.”

Retoma a Germán García en Diversiones psicoanalíticas para subrayar una vez más la posición del analista frente a esa demanda de felicidad que el analizante viene a buscar; “Cuando se dice que no hay clínica sin ética se plantea la pregunta de si el pedido del analizante es un pedido de felicidad. ¿Cuál es la respuesta del que analiza? ¿Es darle la felicidad que viene a buscar? La pregunta sería ¿Quién es para darle la felicidad? Se trata para Lacan, de plantear qué ética corresponde a un fin de análisis a partir del cual el sujeto va a advenir, pero no según el ideal que tiene el analista”.

A continuación Musura manifestó su interés por escuchar los comentarios que su recorrido de lectura había generado entre los oyentes que participamos del encuentro. Se desarrolló una interesante conversación que permitió anudar conceptos y recorridos realizados en las clases precedentes.

A modo de conclusión elijo una frase de Lacan que mencionó Musura en su recorrido, pero que he guardado para el final, “Hacerse el garante de que el sujeto puede de algún modo encontrar su bien mismo en el análisis es una suerte de estafa”.

Estamos advertidos.