Clase 12

"Oscar Masotta y la actualidad del psicoanálisis"  

Pamela Morelli

 20 de noviembre

Reseña de Camila Musura

Cerca de finalizar este año tan distinto a nivel mundial, y también para nuestra Asociación de Psicoanálisis San Fernando-Tigre, ha concluido el tercer año del seminario anual “La formación de los practicantes, clínica y política”. Luego de abordar el diagnóstico diferencial durante el primer año, la clínica, durante el segundo, y lo referido a las instituciones durante este último, el 20 de noviembre y de manera virtual, Pamela Morelli estuvo a cargo de la última clase, titulada “Oscar Masotta y la actualidad del psicoanálisis”.

Antes de comenzar, señala los textos que tomará de referencia: Ensayos lacanianos de Oscar Masotta, El Psicoanálisis y los debates culturales Capítulo: "Oscar Masotta, el hombre sin atributos"; y “Oscar Masotta y el análisis laico”, ambos de Germán García.

Entonces, Morelli inicia su recorrido comentando una conferencia del año 1974 que Oscar Masotta da en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, y en la cual menciona a su amigo, Lito Marín, “mi amigo, sociólogo argentino, se halla encerrado hoy en una soleada cancha de fútbol de Santiago de Chile”. Lo cierto, remarca Pamela, es que de todos los modos posibles de iniciar una conferencia, Masotta elige hacerlo recordando a su amigo, haciendo esa declaración a veinte días del derrocamiento de Salvador Allende. Para poder pensar estos eventos hay que considerar que además del contexto de esa conferencia, Masotta proviene de una generación marcada por el golpe de estado del año 1955. “La peculiaridad de esta coyuntura histórica dentro de la cual se nos ha encargado celebrar la sin duda extraordinaria figura de Sigmund Freud dificulta la continuidad de un discurso que hubiéramos deseado sin fisuras. No podríamos ser nosotros quienes reivindicaríamos lo negro del texto contra las cadenas quebradas. Contra una moral de lo mismo, siempre presta a reaparecer, no hay que cejar en responder que una silla no es una silla, así como lo negro del texto no es lo negro del texto.”

Más adelante en su recorrido, señala que para Oscar Masotta la fundación del psicoanálisis debe situarse en el ejemplo del sueño de la bella carnicera, y él se pregunta de manera enfática ¿Pero es que se ha leído "Tótem y Tabú"? Texto sorprendente que contiene la reflexión freudiana de mayor envergadura sobre la función del padre. Y señalará dos cosas sobre el psicoanálisis: no es un parloteo sobre ese hombre sin objeto, es la práctica de su sujeto y, al igual que los libros, es practicable en cualquier sociedad. No ha bastado jamás con quemar libros para exterminarlos, más allá de los atolladeros de la historia.

En este punto, la disertante articulará con el texto de Germán García, “Oscar Masotta y el análisis laico”. En este texto, en el año 1983, García denuncia un plagio, una copia de su propio libro, La entrada al psicoanálisis en Argentina, del año 1978, sin mencionar a su autor. No solo lo plagian, sino que también omiten el nombre de Oscar Masotta en el asunto, lo cual obliga transitivamente a borrar los últimos quince años del psicoanálisis argentino. Continúa con la puntualización de este texto, en el cual García realiza otras denuncias pertinentes, y termina marcando que en realidad el problema es la legitimidad de los analistas laicos.

Morelli señala que hay varios movimientos en Masotta: de la literatura y la filosofía, a la semiología, difundiendo el arte pop, el happening, en este movimiento es donde se rastrea un rechazo al hombre de elite y a su defensa del peronismo, lo cual lo hace interesarse en la cultura de masa. Esto de algún modo lo acerca a la cultura norteamericana, alejándolo un poco de la francesa de su juventud signada por su gusto por Merleau-Ponty, entonces podría leerse en algún punto que su encuentro con la lectura de Jacques Lacan aparece como un retorno a esos primeros intereses de juventud.

Siendo atópico, necesitaba hacerse un lugar. Pero para eso, cuenta Pamela, debía hacer primero ese mismo lugar. Una clínica de niños psicóticos se llamó así, “El lugar”; y luego, ese mismo piso fue la sede de la Escuela Freudiana de Buenos Aires, el acta de fundación se firma un 28 de junio de 1974, unos meses antes de la conferencia con la cual Morelli comienza su recorrido. Esta acta se firma junto a 18 personas, entre ellos, German García. En este momento Masotta ya tenía grupos de estudio de alrededor de trescientos alumnos y enseñaba sobre Jacques Lacan desde hacía cinco años.

Es interesante, puntúa, como unos años más tarde, luego de la muerte de Lacan, siga generando asombro que aparezcan seminarios inéditos acá, en Argentina, y no en París. Estos seminarios inéditos fueron desde el inicio el soporte de los laicos, y ahí es donde Masotta legitima su posición excéntrica. ¿Cómo llega este argentino, que nunca estudió en París y estuvo una sola vez con Lacan a situarse en este lugar? Y la respuesta, marca Morelli, es retroactiva a lo dicho por el mismo Lacan en Caracas: “Fue un lector, no un alumno, un lector para quien los textos de Lacan eran mandatos, imperativos categóricos”.

A partir de aquí, Morelli continuará puntualizando sobre el análisis laico de Masotta, mencionando que ya Freud se refería a esto muchos años antes, pero que, sin embargo, en aquellos años continuaba siendo un tema de debate.

Al finalizar, tomará un párrafo de Germán García, que señala “si se nombra a Oscar Masotta es necesario exponer las consecuencias, lo que implica exponerse a los efectos de una historia que no concluyó, podría testimoniar de las calumnias, de la falta de generosidad, y hasta de la ferocidad que aparece en los legítimos representantes del psicoanálisis cuando un laico se atreve a decir que el rey está desnudo”.

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