Clase 10

"Algunas referencias filosóficas: hedonistas y estoicos” 
Carolina Fontán

 20  de agosto 2021

Por Lorena Di Masso

 

“El deseo del hombre de buena voluntad es hacer bien, 

hacer el bien,

y quien viene a buscarlos lo hace para encontrarse bien,

para encontrarse de acuerdo consigo mismo,

para ser idéntico, conforme con alguna norma.

Pero saben (…)

Tanto en el margen irreductible como en el horizonte de su bien propio,

se le releva al sujeto

el misterio nunca enteramente resuelto de qué es su deseo”.

J. Lacan, S.VII, pg.285.


 

El viernes 20 de agosto de 2021 Carolina Fontán, miembro de APSaT, tomó a su cargo la décima clase del seminario anual “La singular ética del psicoanálisis” haciéndose eco y retomando la propuesta que Germán García había lanzado en la séptima clase que dictó en 1988 en Tucumán, todas ellas publicadas en el libro Diversiones psicoanalíticas: estudiar el problema de la ética en el pensamiento occidental.

 

En esta ocasión, Fontán trabajó en torno al hedonismo y el estoicismo ubicándolos como dos corrientes filosóficas que han propuesto planteos claves acerca de la ética y que, fundamentalmente, interesan al psicoanálisis.

Luego de dar algunas coordenadas del marco contextual de la aparición de cada una de estas corrientes, pudieron recortarse los ejes centrales de cada una de ellas.

 

A modo de breve resumen y simplificando mucho la cuestión, el hedonismo fue ubicado como una doctrina ética que ha establecido la satisfacción como fin superior y fundamento de la vida. Considerado como bien supremo, el placer era lo que los hedonistas buscaban evitando el dolor y el sufrimiento, confiando en la capacidad de elegibilidad del ser humano. También los estoicos, para quienes el bien estaba ubicado en la sabiduría y el dominio del alma, apostaban a la facultad de elegir del hombre, que debía orientarse hacia las acciones consideradas valiosas y vencer las pasiones viviendo según la razón.  

Si teniendo en cuenta estas nociones se vuelve a la lectura de Freud, tal como Fontán señaló en su clase, puede ubicarse cómo hasta 1920 él sostuvo una ética hedonista según la cual el hombre buscaba el placer y se alejaba del dolor. Es la lógica del aparato psíquico regido por el principio del placer. Pero luego a Freud se le impuso “el más allá”: lo que excede a ese principio de placer, lo que no encaja, lo que lo llevó a publicar su trabajo Más allá del principio del placer donde conceptualizó la repetición, el masoquismo primario, la pulsión de muerte. Hay Eros pero también hay Thánatos: el mayor obstáculo con el que tropieza la cultura. En este punto Fontán tomará algunas ideas del trabajo freudiano El malestar en la cultura, que al decir de Lacan, aborda la cuestión del mal siempre evitada por los moralistas.

Entonces, para el psicoanálisis el problema de la ética se empieza a plantear en el más allá del placer y la fuente de sufrimiento ya no será ubicada en el exterior, sino en el sujeto mismo. A este respecto, dirá Fontán en su clase parafraseando a Germán García: “¿Qué nos impide hacer una lista de las cosas que le producen infelicidad a alguien y ayudarlo a que las modifique suponiendo que ahí está el fin del problema? Rigiéndonos por una ética del bien, ésa sería la solución. Pero la ética del psicoanálisis es de otro orden y está orientada por el deseo”.

Tal como se precisó en la clase, el deseo del cual hablamos en psicoanálisis no se confunde con los anhelos, es opaco, incómodo, se articula en los intersticios del inconsciente y fundamentalmente no se satisface. Lacan señaló que las dos barreras que separan al hombre del campo del deseo y lo previenen de él son las experiencias de lo bello, como cobertura de lo verdadero, y la ilusión de participar del bien.  En este punto Fontán retoma una indicación lacaniana: “¿Qué persiguen exactamente en relación a sus pacientes? (…) Tenemos que saber en cada instante cuál debe ser nuestra relación efectiva con el deseo de hacer el bien, el deseo de curar (…) Pero entonces ¿de qué desean ustedes curar al sujeto? (…) curarlo de las ilusiones que lo retienen en la vía de su deseo” (Lacan, S. VII).  

Entonces la vía de la búsqueda del bien, desde el punto de vista psicoanalítico se presenta como una coartada. En este mismo sentido Fontán, hacia el final de su presentación, opondrá la respuesta que el psicoanálisis puede ofrecer ante una demanda a la que pueden brindar otras terapéuticas. Dirá que desde el psicoanálisis no es posible ofrecerle a un sujeto tips o pautas de cómo comportarse. La experiencia analítica apuntará hacia la revelación de un deseo y un punto de verdad, lo cual implica la modificación de la relación del sujeto con el bien articulado por los filósofos. El intercambio que el psicoanálisis propone es el del bien por el deseo. Tomando algunas formulaciones de C. Soler en “La ética del psicoanálisis”, Fontán sostendrá: “Lo que un sujeto concluye en un análisis excluye ciertas posiciones a nivel de la conducta”. 

 

En dos semanas tendrá lugar la próxima clase del Seminario 2021, a cargo de Virginia Gilardi titulada “El malestar y la religión del amor”.

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