Clase 6

"Las paradojas de la sublimación”  Natalia Senestrari
 4 de junio 2021

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Reseña de Augusto Pfeifer

“ (...) las cajas de fósforos se presentaban de este modo -eran todas iguales y estaban dispuestas de una manera extremadamente agradable, que consistía en que estando arrimada cada una a la otra por un ligero desplazamiento del cajón interior, se ponían en fila unas con otras, formando una especie de banda coherente que recorría el reborde de la chimenea, montada sobre la pared, enfrentaba las molduras y volvía a descender a lo largo de una puerta. No digo que esto continuaba así hasta el infinito, pero desde el punto de vista ornamental era excesivamente satisfactorio.
No creo, sin embargo, que esto fuese lo principal y lo sustancial de lo que tenía de sorprendente esa colección y de la satisfacción que podía experimentar en ella quien era su responsable. Creo que el shock, la novedad, el efecto logrado por esa agrupación de fósforos vacías -este punto es esencial- era hacer surgir lo siguiente, en lo que nos detenemos poco quizá, una caja de fósforos no es simplemente un objeto, sino que puede, bajo la forma, Erscheinung, en la que estaba propuesta su multiplicidad verdaderamente imponente, ser una Cosa.”

J. Lacan en el Seminario VII

 

Ésta fue una de las referencias tomadas por Natalia Senestrari para la sexta clase del Seminario Anual de la APSaT. El trabajo de lecturas presentado se propuso mostrar las dificultades  y problemas que supone el concepto de sublimación para la teoría analítica. A partir de allí se puso el acento sobre sus paradojas -para su teorización, pero también para ubicar las relaciones que puede tener un sujeto a ella-; paradojas que, como tales, llevaron a una serie de malentendidos en su uso.

Resulta de interés realizar un punteo sobra las vastas fuentes que pueden encontrarse en Freud: “Pulsiones y destinos de pulsión”, “Tres ensayos de una teoría sexual”, “Carácter y erotismo anal”, “La moral sexual y la nerviosidad moderna”, “Recuerdo infantil de L. da Vinci”, “Introducción del narcisismo", “El yo y el ello”, “El malestar en la cultura”, “Consejos al médico”, entre otras. En J. Lacan algunas referencias en los Seminarios 7, 16 y 23.

Senestrari ubicó algunas definiciones: “desviación de las fuerzas pulsionales sexuales de sus metas y su orientación hacia metas nuevas” (Tres ensayos…); “uno de los destinos de la pulsión” (Pulsiones y destinos de la pulsión).

Siguiendo el horizonte de trabajo de nuestro Seminario (La ética en psicoanálisis, la posición analítica que se desprende de su singularidad) rescata una diferencia que Freud realiza entre sublimación e idealización -en “Introducción del narcisismo”-, situando así un  orientador para la clínica:

 

“La sublimación es un proceso que atañe a la libido de objeto y consiste en que la pulsión se lanza a otra meta, distante de la satisfacción sexual; el acento recae entonces en la desviación respecto de lo sexual. La idealización es un proceso que envuelve al objeto; sin variar de naturaleza, este es engrandecido y realzado psíquicamente. La idealización es posible tanto en el campo de la libido yoica cuanto en el de la libido de objeto. Por ejemplo, la sobrestimación sexual del objeto es una idealización de este. Y entonces, puesto que la sublimación describe algo que sucede con la pulsión, y la idealización algo que sucede con el objeto, es preciso distinguirlas en el plano conceptual.
 

La formación de un ideal del yo se confunde a menudo, en detrimento de la comprensión, con la sublimación de la pulsión. Que alguien haya trocado su narcisismo por la veneración de un elevado ideal del yo no implica que haya alcanzado la sublimación de sus pulsiones libidinosas. El ideal del yo reclama por cierto esa sublimación, pero no puede forzarla; la sublimación sigue siendo un proceso especial cuya iniciación puede ser incitada por el ideal, pero cuya ejecución es por entero independiente de tal incitación.”

Senestrari rescata ‘la vuelta que le había dado Lacan´ a este concepto, sin desconocer el debate que él realiza tanto con Freud como con analistas post-freudianos. No se trata, según el autor francés, de una mera satisfacción sustitutiva de la energía sexual, canalizada, por ejemplo, por la vía artística: “(...) el mecanismo de la sublimación no debe buscarse simplemente en la sanción que la sociedad les aporta al contentarse con ello”. Aquí hay que poner en tensión los rodeos que el fantasma y el deseo del sujeto se engarzan en estas transformaciones, pudiendo formular un horizonte: “ella -la sublimación- eleva un objeto a la dignidad de la Cosa”.

De Germán García (“La sublimación, los textos de Freud”, 1977) extrae una cita que da cuenta de la relación que cada sujeto tiene con lo real (la sublimación supone el goce de la transformación de una pulsión en un valor cultural): “Si Freud piensa que la sublimación es inmanente a la pulsión es porque encuentra una incompatibilidad radical entre el deseo y la llamada satisfacción sexual. Más allá de y a través del placer narcisista de la genitalidad la sublimación se encuentra con la imposibilidad del goce, con el goce de una imposibilidad…”

Con J.A. Miller (“No hay clínica sin ética”, en Matemas I) afirma que quien llega al consultorio es “inocente”. Ése que ingresa al dispositivo no sabe lo que le espera, pero afirma una apuesta (“los verdaderos culpables no llegan al análisis”). Serán las intervenciones del practicante las que puedan transformar el síntoma en “clínico”: que se descubra imposible de soportar; y así poder dar testimonio de lo real.

Senestrari evocó los efectos que el trabajo de lectura sobre este concepto “tan esencial” (así lo caracterizó Lacan) pueden tener sobre el dispositivo analítico: el vacío producido por la escena del análisis se transforma en posibilidad de que cada sujeto -en su ‘inocencia’- pueda trabajar por la vía significante -y su “multiplicidad”- las modalidades de satisfacción que hacen de obstáculos frente a un deseo, a un destino singular.

La conversación provocada en el público rodeó diversas cuestiones: la promoción en la idealización de la sublimación, la pertinencia de pensar la sublimación para la clínica analítica, el amor cortés -paradigma de la sublimación- y el amor de transferencia, qué se puede hacer con el vacío desde la nada, las paradojas entre la felicidad y la satisfacción de la pulsión, lo irresolutivo de la sublimación y sus consecuencias para la operación analítica, las ironías de Lacan en sus intervenciones, construcción y atravesamiento del fantasma.

Para que cada quien pueda hacer su lectura, los invitamos a participar en la próxima clase, “Ficciones, entre deseo y goce”, a cargo de V. Rios el 18 de junio, 20hs.