Por Ada Balaguer.

"...se imagina hombre solo porque se lo imagina.” Lacan, J.: Seminario 11,

Clase XI. (1964)

Teniendo en cuenta la peculiaridad del estructuralismo de Lacan en el que incide de manera determinante tanto lo sincrónico de la estructura como lo diacrónico del hecho subjetivo, es que no se debe dejar de lado la dimensión histórica de la clínica. Parafraseo así a Massimo Recalcatti que con esta reflexión introduce el capítulo titulado: “Sobre la práctica analítica con los grupos monosintomáticos” de su libro: Clínica del vacío (2003).

¿Cuál es entonces la importancia de considerar esta dimensión? La de poder conocer la transformación del síntoma que pasó de ser una “metáfora del sujeto del inconsciente y por tanto muy importante en la economía del goce y en la producción de verdad, que este pone en juego, en síntoma como rasgo de una identificación colectiva” … “como metáfora social.” (Recalcati, M. (2003) P. 304).

Detengámonos en esta idea que plantea Recalcati y que sirvió para reflexionar en el último encuentro del módulo de Respuestas analíticas a las adicciones, de APSaT. Este autor toma de la práctica con pequeños grupos monosintomáticos en la clínica de la bulimia y anorexia, para afirmar que dicha “monosintomaticidad” no produce la particularización del sujeto sino su masificación. El lugar donde estos grupos funcionan son Asociaciones que reclutan sujetos que comparten un rasgo común e idéntico. Y no es casual que Recalcati incluya este capítulo en la tercera parte de su libro a la que titula: “Segregaciones”.

Cuando se tiende a la individuación, a la abolición del sujeto del inconsciente en “el individuo, el no-dividido” (Recalcati, M (2003) P. 305), el idéntico, se actúa contra la separación, no hay equívoco, hay metáfora cristalizada. Ésta es la función social del síntoma y para esto nos sirve rescatar la dimensión histórica, para elucidar que estamos en una época del eclipse del Ideal, del valor simbólico del Ideal (I(A)), las cristalizaciones de las identificaciones muestran “el derrumbe de la función simbólica polarizante del Nombre del Padre.” (Recalcati, M. (2003) P. 306).

Estas neo-identidades (concepto discutible desde el psicoanálisis) sirven para encontrar un nombre (“Soy adicto, Soy consumidor, Soy anoréxica”); se trata de un nombre social surgido de una identificación horizontal que otorga un lugar en el entramado social. Dice Recalcati, M. (2003) que el máximo de individualismo, en ausencia de división, conlleva al máximo de universalismo. Estas identidades se convierten en enseñas que anonimizan y homogenizan. Así lo expresa dicho autor: “Es, por tanto, un modo (histórico social) para compensar la crisis del sistema simbólico, para hacer que exista el Otro como un Uno homogéneo adverso a la diferencia.” (Recalcati, M. (2003) P. 307). Cuando dice crisis del sistema simbólico en la época actual, ¿a qué se refiere? Para orientarnos, J. A. Miller y E. Laurent escribieron de manera conjunta el Seminario “El Otro que no existe y sus comités de ética” durante el año 1997, allí dichos autores en el capítulo 1 llamado “United Symptons” dicen que en nuestra época el Otro es sólo un semblante y esto conlleva angustia en relación con la cuestión de lo real. En la edad clásica, el discurso de la ciencia fijó el sentido de lo real, un sentido que no afectaba a lo real ni a Dios como real. Así aparece la cita en este seminario: “…estaba en condiciones de proteger al sujeto de los semblantes, los simulacros, esto es, las alucinaciones.” (Miller, J. A., Laurent, E (2005) P. 11) Es decir, ante el eclipse del Ideal en la actualidad lo simbólico está dominado por lo imaginario, preso en la imagen, cristalizado en metáforas. El Otro que no existe inaugura la época lacaniana del psicoanálisis. Así Lacan actualiza y pone fin al reinado del Nombre del Padre correspondiente a la época freudiana, con la presentación de los Nombres del Padre que lo pluraliza. Y entonces cabe la frase de Lacan que Eric Laurent refresca: “Podemos prescindir del Nombre del Padre como real con la condición de servirnos de él como semblante.” (Miller, J., Laurent, E. (2005) P. 12).

También en el encuentro del módulo de Respuestas analíticas a las adicciones se citó el Seminario 11 de Jacques Lacan, Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis, la clase XI: Análisis y verdad o el cierre del Inconsciente (1964), puesto que Recalcati toma la figura topológica del inconsciente como nasa en contraposición al inconsciente como alforja. Esta figura topológica nos sirvió para pensar en las estrategias que desde el psicoanálisis se pueden pensar para intervenir en la clínica de las monosintomatologías. Dice Lacan: “Cuando hablo del inconsciente como lo que aparece en la pulsación temporal puede presentárseles la imagen de la nasa que se entreabre, y en cuyo fondo se realizará la pesca del pez. En cambio, según la figura de la alforja, el inconsciente es una cosa reservada, cerrada por dentro, a donde tenemos que penetrar desde afuera.” (Lacan, J. Seminario 11, Clase XI (1964) P. 149-150). Entonces, la Asociación podría ser el cebo que se arroja a la nasa, la entrada en dicha Asociación es un pedido de ayuda a Otro que reconoce a los sujetos a partir de un rasgo. Esta entrada a la Asociación sería la “fase alforja” cerrada y en la que hay que intervenir desde afuera. Se establece entonces la transferencia con la Institución, esa particularización es necesaria en un comienzo porque no sabemos nada de la estructura del sujeto y de cómo funciona ese nombre allí. Así lo expresa Recalcati: “…la de la Asociación unifica e identifica, la del pequeño grupo separa y desidentifica.” (Recalcatti, M (2003) P. 310) Se refiere en esta cita a que la transformación no es sólo cuantitativa, de los muchos de la Asociación a los pocos del grupo, pero sí de lo idéntico a lo equívoco y una estrategia para romper con lo Mismo puede ser el tema de la temporalidad. Del grupo no se sale todos juntos, al mismo tiempo, se sale de uno en uno, esto rompe con la función identificatoria del síntoma y facilita el tránsito de lo idéntico a lo equívoco.

 

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