2° clase

Acerca de un saber que no se sabe -  a cargo de Myriam Leguizamón

Reseñado por Pamela Morelli

 

El primer viernes de abril tuvo lugar la segunda clase del Seminario anual de lectura 2022. Con modalidad presencial, la misma estuvo a cargo de la Lic. Myriam Leguizamón y se tituló “Acerca de un saber que no se sabe”.

Los títulos previamente sugeridos para contextualizar la clase fueron: Seminario XVII de Jacques Lacan El reverso del psicoanálisis, capítulo segundo “Ejes de la subversión analítica” “El Amo y la histérica”, Fundamentos de la clínica de Germán García (págs. 76 y 77) y El decir del analista de Colette Soler.

El intercambio comenzó con una referencia a Germán García, quien solía decir que cuando uno se acerca a un texto y lo comparte con otro, siempre hay algo que resuena en el que escucha y en el que enuncia. No se trata de que todo el mundo sepa todo, ya que aún el que no sabe, enseña, porque con sus preguntas e intervenciones puede generar ciertas resonancias y hallazgos que siempre se darán de manera singular, para cada uno, uno por uno.

Dice Leguizamón que, si bien llamamos clase a esta instancia de nuestro seminario anual, no se tratará de una clase magistral, ni un resumen del capítulo, será más bien el relato de su experiencia con los textos para propiciar un acercamiento a la doctrina, es decir, para intentar traducirlo en un saber hacer en la práctica clínica.

La elección del título de la clase se basó en una cita de Lacan: “así pues la experiencia analítica pone en el centro, en el banquillo, al saber (…) “lo que descubrimos en la menor experiencia del psicoanálisis es ciertamente del orden del saber y no del conocimiento o de la representación. Se trata precisamente de algo que une a un significante con otro significante, pero la base donde se apoya lo que se sabe, lo que se articula tranquilamente como un pequeño amo, como YO, como quien sabe un montón, está en esta relación precisamente marcado porque no sabe.” De todos modos, de vez en cuando, dice Lacan, se ve que esto se estropea un poco. Se trata de la erupción de toda clase de lapsus y tropiezos en los que se revela el inconsciente”.

Leguizamón lee una cita de Lacan dónde según ella Lacan describe la experiencia analítica de una manera casi poética “Nos permitimos leer una biografía cuando tenemos medios, cuando contamos con los documentos suficientes para testimoniar sobre lo que cree una vida, el destino que cree haber tenido, paso a paso, incluso a veces, de qué modo ha creído concluir dicho destino. Sin embargo, a la luz de que no es seguro que un saber se sepa no parece imposible que podamos leer en qué plano del saber inconsciente se ha producido el trabajo que da por resultado lo que constituye la verdad de todo lo que se ha creído saber”.

Señala Myriam que a la altura del Seminario XVII podría llamar la atención que Lacan explique la experiencia analítica en su forma más elemental. Si es que no tuviéramos en cuenta que esto está dentro de lo señalado por Félix Chiaramonte en la clase anterior como “Las vueltas de Lacan”. Lo cual necesariamente da lugar a lo siguiente: “La cuestión de lo real implica una revisión de toda la ética”. Es por eso precisamente, que se puede observar una suerte de recomienzo y de volver a visitar conceptos muy dichos.

Leguizamón plantea que, al familiarizarnos con los discursos, vamos ubicando algunos puntos que Lacan destaca para presentarlos, explicarlos y justificarlos: los discursos no están impuestos, sino que están inscriptos en los que ya funciona en la realidad. No son históricos, ni mitológicos, constituyen de manera tangible algo real. El camino hacia la pulsión de muerte, no es más que lo que llamamos goce. Por lo tanto, estos aparatos podrían entenderse cada uno con su forma como posibles tratamientos en la dosificación del goce. Es decir, permitirían, mantener al goce dentro de ciertos límites.

Hay un esfuerzo en esta clase de Lacan por responder a la pregunta ¿De qué se trata el acto analítico? En 1969 (ya pasado el Mayo Francés) dice que prefiere abordar esa pregunta no cómo lo hubiera hecho dos años antes sino a partir de las intervenciones del analista. Entonces señala que lo que instituye el analista como experiencia analítica es la “histerización” del discurso, entendido como la introducción estructural, mediante condiciones artificiales, las del discurso de la histérica.

 

Ubica Leguizamón entonces que: La histerización del discurso es fundamentalmente hacer de la asociación libre la dueña del campo analítico ¿Por qué? Porque sabemos que decir cualquier cosa está determinado por ese saber no sabido. “La salida al azar de los significantes está determinada por ese saber que no se sabe”. También Lacan es contundente al decir que el discurso histérico existe y existiría haya o no haya psicoanálisis porque “de lo que se trata es del rodeo, del trayecto zigzagueante que es la base del malentendido que constituyen en la experiencia humana, las relaciones sexuales”. Hasta acá, resolvimos en parte la clave de lo que es la histerización del discurso.

Myriam realiza algunos comentarios, que no tomaré en esta oportunidad, sobre un artículo titulado “Ricoeur y Lacan, en el corazón de la <<Maquinaria Hermenéutica>>. Un conflicto de interpretaciones” publicado en marzo del 2016 para contextualizar un señalamiento- un tanto irónico- de Lacan al mencionar a dicho filósofo al hablar de la cita de autor.

Luego Leguizamón pasará a tomar algunos puntos del libro El decir del analista, Paidós 1995, de Colette Soler y otros para abordar la interpretación. Comenta entonces que Soler señala que el texto de Lacan de sustantiva importancia respecto de la interpretación es El atolondradicho precisamente porque allí Lacan vuelve a pensar en la interpretación no solo referida a los efectos a nivel de la significación, sino a otro efecto que Soler llama un efecto de “subversión topológica” capaz de producir un cambio a nivel del ser hablante. “Lacan primero nos acostumbró a distinguir enunciado y enunciación cómo división interna al campo del lenguaje, en El atolondradicho en cambio distingue entre el decir y los dichos no sólo en relación al lenguaje sino también a la estructura del discurso una vez elaborada la estructura de los cuatro discursos en 1970 aquí Lacan reactualiza la teoría de la interpretación”.

 

Soler enuncia categóricamente que interrogar el decir e interrogar los dichos son dos cosas diferentes; dice “la interpretación en tanto decir es siempre singular. En cambio, las fórmulas de interpretación pueden ser de una variedad muy grande. A estas últimas se las puede interrogar acerca de su oportunidad: si cayeron justo a tiempo, si fueron buenas o malas, si fueron “memorables”. También señala que hay interpretaciones desapercibidas, involuntarias, obstaculizadas e imposibles.

En cuanto al decir del analista- la interpretación- es asertiva, pero sobre todo reveladora provoca sorpresa y permite conectar una afirmación con la indeterminación del analizante. Soler enumera las intervenciones interpretativas en relación al decir del analista destacando que son aquellas que impiden el cierre de significación a saber: el corte, que interrumpe la cadena e impide el cierre de la significación produciendo un efecto de perplejidad. La alusión, que consiste en mostrar algo sin hacerlo pasar al dicho, apuntando al intervalo vacío. La cita, extraer una proposición de su contexto apuntando a la distinción entre enunciado y enunciación. El enigma, un enunciado sin mensaje que apunta a la presencia pura de la enunciación. El equívoco, y, finalmente, el silencio que, al instalarse, comienza a producir una significación enigmática. De esto se desprende lo que Lacan afirmaba “El analista debe decir algo a su paciente, debe hacerse oír.” El análisis no se hace sin que diga, pero su decir, es un decir nada y esa es la característica común de esas intervenciones.

La conversación posterior a la exposición de Leguizamón rodeó diversas cuestiones que suscitaron interés entre los asistentes No es la intención de las reseñas agotar todo lo abordado en el Seminario, sino presentarles un recorte del encuentro.

Los invitamos a participar de la tercera clase a realizarse el viernes 22 de abril, la cual estará a cargo de la Lic. Verónica Ortiz y se titula "El significante representa un goce (perdido) para otro significante".